Los Cien Días: de Elba a París a través de los titulares de un periódico

Tras el fracaso de la campaña de Rusia (donde casi 400.000 hombres de la Grande Armée murieron) y la derrota en Leipzig ante la Sexta Coalición, el destino de Napoleón Bonaparte estaba sellado. Las fuerzas aliadas de Rusia, Austria y Prusia invadieron Francia y tras vencer una última y desesperada resistencia en la Batalla de París, sus tropas desfilaron por la capital francesa. Despojado días antes del título de Emperador por el Senado, el 6 de abril de 1814 Napoleón abdicó sin condiciones. El hombre que durante cerca de 20 años había dominado los campos de batalla de Europa parecía acabado. Los vencedores debatieron entonces qué hacer con Napoleón. 

Salida de Napoleón de Elba
Tanto Austria como Prusia querían alejarlo de Europa, pero Rusia lo impidió. Finalmente, en el Tratado de Fontainebleau se acordó que Bonaparte se iría a la isla de Elba en calidad de príncipe, con un séquito de 400 personas y con una pensión anual vitalicia de dos millones de francos. Parecía que Europa se había librado por fin del gran corso. Sin embargo, un año después Napoleón regresó a Francia y reclamó su trono, iniciándose el Imperio de los 100 días. En este artículo narraremos desde su salida de Elba hasta su llegada a París; y lo haremos a través de unos supuestos titulares del periódico “Le Moniteur Universel”, reseñados por Alejandro Dumas en un libro publicado en 1840. La singularidad de estos titulares radica en que pasan de un tono despectivo a otro servil a medida que Napoleón se acerca a París; y aunque sin duda son ficticios, dan buena muestra del cambio de ánimo de ciertos sectores ante el regreso de Bonaparte.

La huida de Elba

Tras la salida de Napoleón al exilio el 28 de abril de 1814, en Francia se reinstauró la monarquía borbónica en la figura de Luis XVIII. Como en el Tratado de Fontainebleau el país no había sido maltratado (se le reconocieron las fronteras de 1792 y se le eximió de pagar indemnizaciones de guerra), el nuevo rey pudo dedicarse a tratar de recuperar a Francia de un cuarto de siglo de guerras, y dando muestras de su carácter progresista, juró una Constitución que convertía a Francia en una monarquía parlamentaria. Sin embargo, la tarea no era fácil. Algunos de sus allegados conspiraban para restablecer el Absolutismo. A estos problemas, se añadía el descontento de los veteranos del ejército de Napoleón, que o bien habían sido licenciados o bien estaban sin destino y cobrando media paga. El ambiente de guerra civil empezó a calar.

Abdicación en Fontainebleau
Napoleón seguía con atención todos estos acontecimientos. Además de ver con agrado que sus antiguos soldados brindaban “a la santé du petit caporal” ("A la salud del pequeño cabo", nombre cariñoso que le dieron sus hombres) y anhelaban su vuelta, una serie de problemas personales le predisponían a regresar a Francia. No se le permitió asistir al funeral de su primera esposa Josefina, y tampoco le dejaban visitar a su segunda esposa y a su hijo. Por otra parte había dejado de recibir su pensión, por lo que empezaba a pasar dificultades financieras. Y para terminar, las noticias que le llegaban del Congreso de Viena eran inquietantes: algunos proponían alejarle de Europa y trasladarle a las Azores o más allá, e incluso había quien propugnaba por asesinarle.

Cruce del Inconstant y el Zéphir
Así las cosas, Napoleón aprovechó un descuido de la guardia francesa y británica y el 26 de febrero de 1815 embarcó junto a 600 hombres en el navío “L’Inconstant” rumbo a Francia. Cuando subió a bordo hizo gala de su sentido teatral y pronunció la famosa frase de Julio César: “La suerte está echada”. Un día después, y ondeando la bandera tricolor a modo de desafío, su barco se cruzó con el pequeño mercante “Zéphir”, que ondeaba la bandera blanca de los Borbones. Dumas afirma que el titular de “Le Moniteur Universel” de ese día fue:

 El Antropófago ha salido de su guarida

Finalmente, el 1 de marzo Napoleón llega a Golfe-Juan, cerca de Antibes. Según Dumas, “Le Moniteur Universel” tituló al día siguiente:

El ogro de Córcega acaba de desembarcar en Golfe-Juan

Como se ve, el ánimo en este periódico era declaradamente hostil a Bonaparte en estos días.

Evitando la Provenza

Nada más desembarcar, se distribuyó una proclama de la guardia imperial instando al ejército y a la población a unirse a la causa de Napoleón (“El águila con los colores nacionales volará de campanario en campanario hasta las torres de Notre Dame”). Sin embargo, Bonaparte no las tenía todas consigo; sus tropas eran escasas y le quedaba un largo camino hasta París en el que podía pasar cualquier cosa. Además, debía evitar en su marcha pasar por la región de Provenza, mayoritariamente leal a los Borbones. Así pues, decidió tomar primero una ruta por los Alpes que le llevara a Gap y a Grenoble (esta ruta sería posteriormente conocida como Route Napoleón). El 2 de marzo inició la marcha.

Napoleón es aclamado por las tropas enviadas a detenerle
Durante los primeros días Bonaparte fue recibido en los sitios por los que pasaba con una mezcla de calma y resignación. Sin embargo, el 5 de marzo Napoleón llegó a Gap, donde le recibieron entre aclamaciones. Al día siguiente, y siempre según Dumas, el titular fue:

El tigre ha llegado a Gap

También el 6 de marzo se informa por fin a Luis XVIII de la situación. El rey y su gobierno reaccionan con calma, ya que creen contar con la lealtad de los mandos del ejército. Ordena que todas las tropas de los alrededores acudan a impedir la marcha del corso. Y en efecto, el 7 de marzo la columna de Napoleón es interceptada cerca de Grenoble por un batallón del ejército. Los soldados de ambos lados forman en orden de batalla; pero Napoleón se adelanta a sus tropas, y abriéndose la casaca grita: “¡Si alguno de vosotros es capaz de disparar a su emperador, hacedlo ahora!”. Todos tiran las armas y le rodean vitoreándolo. Su pequeño ejército empieza a ver engordadas sus filas. Ese mismo día entra en Grenoble entre aclamaciones, y el supuesto titular fue:

El monstruo ha dormido en Grenoble

Al día siguiente Napoleón parte hacia Lyon en la siguiente etapa de su viaje (bautizado como “El vuelo del águila”). A su paso sale el 7º Regimiento de Línea, aparentemente para interceptarlo; sin embargo, oficiales y tropa se unen al emperador. Dos días después entra en Lyon, donde todas las instituciones le juran fidelidad. Según Dumas, el titular de “Le Moniteur Universel” fue el siguiente:

El tirano ha atravesado Lyon

La bravata de Ney

Napoleón continúa su marcha hacia París. Luis XVIII empieza a alarmarse por la situación, y junto a los representantes de Austria, Inglaterra, Rusia, Prusia, España y Suecia, emite una declaración en la que proclama a Bonaparte “enemigo de la paz mundial y forajido fuera de la ley”, ordenando a todas las tropas su inmediato arresto. Mientras tanto, Napoleón prosigue su marcha. El día 15 de marzo Bonaparte duerme en Autun, a algo menos de 300 kilómetros de París. El periódico, según Dumas, tituló:

El usurpador ha sido visto a 60 leguas de la capital

Mientras tanto, el mariscal Ney, antiguo colaborador de Napoleón que se había pasado al bando de los Borbones, y que había prometido traer “al usurpador de vuelta a París en una jaula de hierro”, recibe el 14 de marzo una carta de puño y letra del mismísimo emperador. En ella, Napoleón le pide en términos cariñosos que se una a su causa. Tras pasar la noche en vela, decide hacerlo junto a sus 6.000 hombres. No obstante, contesta con otra carta en la que advierte a Bonaparte que no tenga tentaciones de gobernar como un tirano. Ambos hombres se encuentran el 17 de marzo en Auxerre, a 150 kilómetros de París. Entre vítores, se abrazan públicamente. Y según Dumas, el titular de esa fecha fue:

Bonaparte avanza rápidamente, pero no entrará nunca en París

El mariscal Ney
La línea editorial del periódico parecía estar cambiando: del odio de los primeros días a un calculado y prudente desprecio. Pero quizá lo más llamativo de la situación es el cartel que ese mismo día cuelga un bromista anónimo en la plaza de Vendôme de París, en el que puede leerse: “De Napoleón a Luis XVIII: mi querido amigo, no es necesario que mandes más tropas, ya tengo suficientes”. Bonaparte estaba casi a la vista de París, y Luis XVIII empezaba a darse cuenta de que todo estaba perdido.

La llegada a París

La capital francesa estaba ya casi al alcance del corso. Los pueblos por donde pasaba la comitiva y las cada vez más numerosas tropas de Napoleón tocaban las campanas con alegría cuando veían acercarse la columna del emperador. Bonaparte se deshacía en promesas de reformas, ya que era consciente de que el pueblo francés no toleraría una vuelta a la tiranía. Y mientras tanto, y siempre según Dumas, “Le Moniteur Universel” iba virando del odio y el calculado desprecio a una posición más neutral. Fruto de ello fue el titular del 19 de marzo:

Napoleón estará mañana frente a nuestros baluartes

Y es que se mantenía la duda de si Luis XVIII trataría de defender París del avance de Napoleón, de ahí que el periódico actuara con cautela.

Napoleón es aclamado en París
Ese mismo día Napoleón entra en Fontainebleau, algo que recoge el siguiente titular del periódico: 


El emperador ha llegado a Fontainebleau

Obsérvese que Napoleón ya no es el ogro, ni el monstruo, ni el tigre; ni siquiera se le nombra con el impersonal “Bonaparte”. Ahora es “el emperador”, lo que indica que “Le Moniteur Universel” cambiaba de bando rápidamente. Y es que Luis XVIII había desoído el consejo de su ministro Chateubriand de esperar a Napoleón “sentado en el trono y con el título real en la mano”. “No estoy de humor para eso”, dijo el rey mientras preparaba su huida de París a Gante con toda su corte, buscando refugio. Luis XVIII dejaba el campo libre a Napoleón y se marchaba sin ofrecer una última resistencia, algo que le valió el desprecio del resto de los países europeos. Los aristócratas y los monárquicos de la capital francesa, junto a muchos clérigos, empezaron a reunir sus pertenencias para huir rápidamente, imitando al rey.

Luis XVIII
El 20 de marzo Napoleón entra triunfalmente en el palacio de la Tullerías. Las calles se llenas de gente cantando “La Marsellesa” y gritando consignas a favor de Bonaparte y de la Revolución. Y según Dumas, “Le Moniteur Universel” completa su viraje y titula:

Su Majestad Imperial y Real hizo ayer su entrada en su palacio de las Tullerías en medio de sus fieles súbditos

Napoleón era de nuevo el dueño de Francia. Había llegado desde Elba hasta París sin disparar un solo tiro. Acababa de nacer “el Imperio de los 100 días”. Sin embargo, sabe que pese a las apariencias cuenta con pocos apoyos y se verá obligado a gobernar junto a antiguos colaboradores que le traicionaron, como Fouché; de ahí su sorprendente declaración: “No guardo rencor a nadie”. Sabe también que las dificultades que le esperan serán máximas, puesto que muchos de los que estaban ahora de su lado empezarían a conspirar contra él en poco tiempo. A eso se une que las autoridades de la región de la Vendée movilizan a la población contra él.

Viñeta satírica sobre el regreso de Napoleón
Pero sobre todo sabe que su retorno se basa en una endeble promesa de paz y mano tendida a sus enemigos externos que no podrá cumplir. En efecto, el 25 de marzo Austria, Rusia, Prusia y el Reino Unido forman la Séptima Coalición contra él, comprometiéndose a poner en el campo de batalla 150.000 soldados. No sabemos si el deseo de paz de Napoleón era sincero o si sólo deseaba ganar tiempo para realizar reformas que le consolidaran y poder enfrentarse a sus enemigos más adelante. En cualquier caso, Bonaparte se vio obligado a reunir a toda prisa un ejército con el que tomar la iniciativa y derrotar a sus poderosos enemigos. Como ya conocemos, su empeño no tuvo éxito y sería definitivamente derrotado el 18 de junio de ese mismo año en Waterloo. Pero eso quizá sea tema de un próximo artículo.
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Desmontando bulos (I): de carajos y manzanas envenenadas

Andábamos conversando el otro día con otros historiadores sobre el papel que internet ha jugado en nuestras vidas blogueras. Además del hecho evidente de que sin la red de redes un blog como éste no existiría, reflexionábamos que internet ha permitido que muchos nos conozcamos y hayamos podido establecer contacto, que la información que antes costaba mucho esfuerzo conseguir ahora esté a nuestro alcance a golpe de unos pocos clics de ratón, y que las redes sociales han permitido que la difusión de nuestro trabajo sea mucho mayor y más rápida que antes. Sin duda alguna, internet se ha convertido en una parte muy importante de nuestra vida profesional.


Sin embargo no todo son ventajas. Uno de los mayores inconvenientes que encontramos son los bulos que diariamente se publican, y que se propagan como la pólvora a través de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea. La mayoría de las veces estos bulos tratan sobre temas de actualidad, pero también los hay de índole científica e histórica. Ya hemos tratado algunos en esta página (sobre los romanos, sobre las luchas de gladiadores, sobre la Segunda Guerra Mundial y sobre las supuestas coincidencias entre Lincoln y Kennedy), y en este artículo (y otros posteriores) veremos algunos de los que siguen circulando. Sabemos que esta labor es como predicar en el desierto, ya que la mayoría seguirán difundiéndose y engañando después de este artículo, pero por nosotros que no quede.

La canastilla del vigía en las carabelas

Uno de los bulos que cada cierto tiempo se repite es el de la supuesta explicación de la expresión “mandar a alguien al carajo”. La explicación en cuestión dice que se le llamaba "carajo" a la pequeña canastilla que se encontraba en lo alto del palo mayor de las naves antiguas de vela y que servía de puesto de vigía. Cuando un marinero cometía alguna falta, se le mandaba al carajo como castigo. Por eso, cuando queremos perder de vista a alguien usamos la expresión "vete al carajo". La historia se remata diciendo que esa canastilla era un lugar incómodo y peligroso, expuesto a los rigores del tiempo (frío, lluvia, sol…) y en constante bamboleo, por lo que era fácil marearse allí. Esta historia está recogida en multitud de páginas web, portales de pseudohistoria e incluso en algún que otro libro de medio pelo.

El meme en cuestión
Y es que la explicación del origen de esta expresión es muy bonita, pero por desgracia también es completamente falsa. En primer lugar, la canastilla del vigía que existía en las carabelas y otros barcos de vela no se llamaba “carajo”, sino “cofa”; de hecho, no existe ni ha existido nunca lugar alguno en un barco que se llame “carajo”. Hay que decir también que el castigo a un marinero díscolo no era mandarlo a la “cofa”, sino encerrarlo en un calabozo a pan y agua (con más agua que pan). Y en segundo lugar, la RAE no introdujo esta palabra en su diccionario hasta 1983, pero en ningún caso le dio un significado parecido a cofa o canastilla de vigía. Es más, en dicho diccionario se afirma que el origen de la palabra es incierto, pero que de ningún modo se trata de un término que provenga del mundo náutico (esto último, dicho a resultas de una consulta realizada por nosotros).

Cofa del "Juan Sebastián Elcano"
La única relación que existe entre esa palabra y la navegación es una vela cuadrada que los pescadores mexicanos despliegan cuando sopla mucho el viento y que allí recibe el nombre de “caraja”. No obstante, también hay que decir que en tiempos de Colón se difundió la leyenda de la isla de Carajo, un lugar lúgubre sin agua ni comida en mitad del Caribe, en la que se abandonaba a su suerte a los marineros díscolos, indisciplinados o que hubieran cometido alguna falta grave. Y también hay que mencionar que existe un grupo de 16 islotes en el Océano Índico llamado Cargados Carajos (aunque es más conocido como Rocas de San Brandón), que fueron descubiertas por el navegante gallego al servicio de Portugal Joao da Nova a comienzos del siglo XVI.

Joao da Nova
Una última curiosidad. Ya hemos dicho que la RAE sostiene que el origen de la palabra “carajo” es incierto. Sin embargo, sí que podemos decir que no proviene de América (algo que sostienen algunos eruditos), ya que está documentado su uso (con sentido picaresco) en la obra “Cancionero de Baena”, una colección de poemas recogidos en España hacia 1405 por Juan Alfonso de Baena para regalárselos al rey Juan II. Como esta fecha es casi un siglo anterior al Descubrimiento (es más, Colón ni había nacido), podemos descartar el origen americano del término. También se ha detectado que en el año 1247 vivió en Madrid un hombre apodado Pedro Carajo, aunque se desconoce el significado de tal apodo.

Luis López de Mesa
Y no podemos dejar de mencionar que en la década de 1930 vivió en Colombia un profesor llamado Luis López de Mesa, que además de historiador era médico, psicólogo y político (llegó a ser ministro en varias ocasiones). Dicho profesor sostenía que el origen de la dichosa palabreja era vasco y que fue llevado a América por soldados procedentes de allí. Es un completo misterio cómo el término acabó por calar en todos los territorios de habla hispana, porque no lo explica el hombre. Pero viniendo esta teoría de este profesor hay que tomarla con bastante escepticismo; no en vano, López de Mesa llegó a afirmar en una ocasión que el hombre provenía de la sardina, así que nos parece que en este caso lo mejor será tomarse el origen vasco del término con un sano distanciamiento.

Alan Turing y la manzana de Apple

Seguramente uno de los bulos más extendidos en internet es ese que se ve una foto de Alan Turing y un símbolo de Apple junto a un texto que dice “Este gay inventó la computadora y logró terminar la Segunda Guerra Mundial. Por su sexualidad fue encarcelado y humillado públicamente después de haber salvado 14 millones de vidas. A los 41 años, en prisión y muy deprimido, se suicida comiendo una manzana con cianuro. En su honor Steve Jobs crea el logo de Apple”. Con variaciones, esta afirmación se va repitiendo cada cierto tiempo en redes sociales, sobre todo en grupos autodenominados “de Historia”, desde donde se distribuye viralmente. Y no nos extraña, porque ese breve y triste párrafo lo tiene todo: homofobia, injusticia manifiesta y heroísmo no compensado; como una novela de Dickens, vamos. Es una lástima que todo sea una sarta de mentiras.

El meme sobre Turing y Apple
En primer lugar, Alan Turing no inventó la computadora. Los antecedentes de lo que hoy día llamamos ordenador se remontan nada menos que al siglo XVII, con los trabajos de Pascal y Leibniz. Asimismo, la primera máquina analítica fue inventada en el siglo XIX por parte de Babbage y su socia Augusta Ada Byron (hija del poeta Lord Byron), y es a ellos a los que se considera padres de la computadora moderna. Ya en la Primera Guerra Mundial se usaron máquinas analógicas en ingenios de guerra como aviones y submarinos. Y en 1939 se creó una máquina totalmente digital en el Iowa State College, proyecto que quedó eclipsado en 1945 con la invención del ENIAC (Siglas en inglés de “Calculador e integrador numérico digital electrónico”).

Máquina de Babbage
Lo que sí que hizo el equipo (insisto: el equipo) de Turing en diciembre de 1943 fue construir una máquina llamada Colossus que, eso sí, fue la primera construida enteramente con lámparas de vacío. Y es que Turing no era informático ni electrónico, sino matemático y criptógrafo, por lo que difícilmente se podía poner a diseñar y mucho menos construir circuitos. Sí que contribuyó decisivamente al desarrollo de la computación con la formulación del “Test de Turing” (fundamental en el actual desarrollo de la Inteligencia Artificial) y la invención de la “Máquina de Turing”, pero hay que decir que dicha máquina es virtual (es decir, es una máquina teórica sobre el papel y no puede ser construida).

Alan Turing con 16 años
En segundo lugar, ni Turing ni su equipo acabaron con la Segunda Guerra Mundial. Bien es cierto que lograron descifrar el código que utilizaban los alemanes en su máquina Enigma, y que eso contribuyó a la victoria aliada al poder permitirles leer los mensajes codificados que se intercambiaban las fuerzas del Eje (sobre todo a y desde los submarinos), pero de ahí a decir que terminaron con la contienda va un mundo. Sería admisible decir que aceleró la victoria aliada, pero en ningún caso es cierto que él o su equipo acabaran con la guerra. Y por la misma razón, dar una cifra de muertos ahorrados por sus contribuciones se nos antoja un disparate de proporciones bíblicas.

Máquina Enigma
En tercer lugar, Turing nunca estuvo en la cárcel. En 1952 un joven de 19 años llamado Arnold Murray, con el que mantenía una relación, robó junto a un cómplice en la casa del matemático. Turing acudió a la policía y denunció el delito, y fue durante la investigación cuando tuvo que reconocer su homosexualidad (algo ilegal en Gran Bretaña por entonces). Procesado y condenado por ello, se le dio a elegir entre la prisión o un tratamiento hormonal de reducción de la libido. Turing escogió esto último, por lo que no llegó a ir a la cárcel. El tratamiento, a base de inyecciones de estrógenos, duró un año y le produjo importantes alteraciones físicas, como crecimiento de los pechos y aumento de peso, además de una disfunción eréctil.

Estatua de Turing en Surrey
Todo ello le llevó a la amargura y a la depresión. En 1954 se suicidó en su domicilio (no en prisión) ingiriendo una manzana envenenada con cianuro. Algunos teóricos de la conspiración sostienen que en realidad Turing fue asesinado, pero no ha podido demostrarse nada al respecto. Incluso su madre rechazaba la idea de que su hijo se hubiese quitado la vida por voluntad propia, pero achacaba su muerte a un accidente, producto del descuido de Turing al almacenar sustancias químicas. Eso sí, tenía 41 años en el momento de su muerte, así que ese dato es cierto.

Primer logotipo de Apple
Y dejo para el final lo más sabroso, la relación entre Turing y el logotipo de Apple. Para empezar, los creadores de la marca han dado varias versiones de la razón del nombre, pero ninguna relacionada con Turing; una de esas razones es simplemente que a Steve Jobs le gustaban las manzanas, y la otra es que es un homenaje a la compañía Apple Rock, encargada de grabar todos los discos de los Beatles (A Steve Jobs y Steve Wozniak les gustaba mucho esta banda). La explicación puede ser aún más prosaica, ya que sólo sería una forma de posicionarse en el mercado, puesto que Apple va alfabéticamente por delante de Atari (la anterior compañía en la que trabajó Jobs).

La manzana arcoíris
Y una vez decidido el nombre, había que dotar a la empresa de un logotipo. El primero de ellos se encargó a Ronald Wayne en 1976 y consistía en una imagen de Newton debajo del famoso árbol instantes antes de que le cayera la manzana en la cabeza. Debajo de él se podía leer el texto “Newton… A Mind Forever Voyaging Through Strange Seas of Thought… Alone” (Traducción: Newton, una mente viajando por siempre a través de los extraños mares del pensamiento… En soledad). El logotipo era un desastre, ya que apenas se veía la manzana, casi tampoco se ve el nombre de “Apple Computer” y era imposible reducirlo de tamaño sin que el resultado fuera una borrosa mancha negra y blanca. Aun así, a Wayne le pagaron 800 dólares en acciones, que poco después vendió por 1.200 (hoy día esas acciones valdrían 35.000 millones de dólares).

Último logotipo de Apple
Poco después se encargó un nuevo logotipo al diseñador Rob Janoff, quien presentó el diseño que todos conocemos (el mordisco lo añadió para que el dibujo se identificara más con una manzana que con un tomate, por ejemplo). Eso sí, el diseño en principio era monocromático, pero Jobs insistió en darle color y Janoff le pintó las 6 bandas de colores que durante mucho tiempo lo adornaron (A finales de los 90 se cambió nuevamente por un diseño monocromático). Tanto los creadores de Apple como Janoff han desmentido en repetidas ocasiones que nada de ésto se deba a Turing. Incluso Janoff ha tenido que salir al paso de otros que dicen que los colores del arcoíris de su diseño tuvieran algo que ver con la conocida bandera del movimiento que lucha por los derechos de los homosexuales. Es más, dicha bandera se diseñó años después del logotipo de Janoff, así que éste no podía tenerla en mente.

Estatua de Turing. Detrás, su retrato
Así que ya saben: no se crean todo lo que sale en internet, desconfíen de esos mensajes virales que reciben en su aplicación de mensajería instantánea y mantengan una sana distancia con los memes. Y sobre todo, traten de confirmar la información en varias fuentes; será más difícil que sean engañados. En próximos artículos desmentiremos más bulos.
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Ahuianime, la prostitución en el México prehispánico

En todas las sociedades, desde la más lejana antigüedad, la prostitución siempre ha jugado un papel destacado. Su importancia se pone de manifiesto en que en el Código de Hammurabi hay varios apartados donde se recogen los derechos de quienes la ejercían y regulaban su actividad. Asimismo, en la Grecia Clásica existía una variante altamente respetada, la prostitución sagrada por parte de las hieródulas. En Roma existía un registro de quienes la ejercían y se cobraba un impuesto sobre la actividad; sin embargo, su práctica era considerada algo vergonzoso y no se permitía a las personas (tanto hombres como mujeres) que la ejercían heredar o tener propiedades. Además, el testimonio de una prostituta no era válido en un juicio. 


Ahuianime, prostituta mexica
Al final del artículo encontrará el lector enlaces a artículos más detallados sobre el tema en esas civilizaciones. Por nuestra parte, trataremos aquí la prostitución en el México precolombino, ya que además de ser menos conocida, la práctica tiene connotaciones únicas que la diferencian enormemente de otras culturas. En primer lugar, la prostitución era protegida por el Estado pero era considerada moralmente repudiable. En segundo lugar, la prostitución sagrada no sólo acompañaba las ceremonias religiosas sino que también servía para hacer más llevaderos los últimos momentos de los destinados a los sacrificios. Y por último, los muy supersticiosos mexicas consideraban que las mujeres nacidas en ciertas fechas estaban casi inevitablemente destinadas a ejercer ese oficio. Veamos estas y otras cosas más en detalle.

“Las que están alegres”

Aunque los mexicas tenían una gran variedad de términos para referirse a la prostitución y a las mujeres que la ejercían, hay uno que servía de forma genérica: ahuianime, que significa “las que están alegres”. Esto es así porque se consideraba el sexo como un gozo que los dioses concedían ante las dificultades y las angustias de la vida cotidiana. Sin embargo, no era esta la única palabra para designarlas: “las que hacen feliz”, “las que andan contentas”, “las que levantan la cabeza”, “las que ya no asientan su corazón”, “las que andan mirando a todos lados” o “las que venden sus nalgas” son los significados de otras palabras que servían para nombrarlas (al final del artículo se pondrá un glosario de términos en náhuatl, el idioma precolombino del valle de México).

Ahuianime en un mural de Diego Rivera
La variedad de términos nos da una idea de la ambivalencia con la que eran vistas en la sociedad mexica. Por una parte, las prostitutas estaban protegidas por el Estado pues su papel en ciertas celebraciones religiosas era fundamental (y no sólo en los ritos, sino también acompañando y sirviendo a los que iban a ser sacrificados en las festividades en honor a ciertos dioses), pero por otra parte una sociedad con una moral tan puritana como la mexica consideraba la prostitución repudiable. Y es que, en contra de la imagen romántica de tolerancia que muchas veces se nos quiere transmitir de esa cultura, en materia sexual los habitantes del valle de México eran tanto o más intransigentes que los católicos europeos del siglo XVI (por ejemplo, la homosexualidad era violentamente castigada, y el adulterio se penaba con la muerte).

Ahuianime en un festival
La aparente contradicción en esta doble visión puede deberse a varias cosas. Por un lado, si bien los dioses permitían la normal práctica sexual, el exceso o desenfreno de los placeres eróticos era fuertemente castigado (se pensaba que un exceso de sexo, incluso dentro del matrimonio, secaba la grasa corporal del hombre y lo llevaba a la muerte); por esta razón, las ahuianime eran popularmente tildadas de inhumanas, vanidosas e indecentes. Por otro lado, existía cierto “respeto” hacia las prostitutas sagradas y las militares, pero un fuerte desprecio hacia las prostitutas callejeras, de modo que en los discursos morales y en algunas palabras para calificarlas existe una actitud de rechazo y desaprobación a su comportamiento. Finalmente, la prostitución era considerada algo malo pero necesario, por lo que se toleraba a regañadientes del mismo modo que en la sociedad medieval occidental se toleraba a los verdugos.

Gestos y arreglos

Puesto que el oficio de las ahuianime era seducir, usaban una serie de artificios que no les estaban permitidos al resto de mujeres. Entre esos artificios se encontraba el peinado, el maquillaje, la vestimenta y el uso del lenguaje corporal. En cuanto al peinado, solían llevarlo suelto o bien la mitad suelto y echado sobre el hombro y la otra mitad trenzado (a diferencia de las mujeres “decentes”, que llevaban el cabello “partido en el centro, las mitades cruzadas en la nuca y llevadas en forma torcida o trenzada alrededor de la cabeza, hacia la frente, para terminar en dos puntas levantadas que tenían forma de cornezuelos”). De hecho, las ahuianime aparecen en las imágenes con el cabello alborotado. Es curioso que las adúlteras llevaran también el cabello suelto y despeinado al recibir su sentencia, y que Malitzin (o Malinche), la amante y traductora de Cortés (y considerada traidora por los mexicas) fuera representada con el cabello suelto como una forma de desprestigiarla.

Arreglo de Ahuianime
En cuanto al maquillaje, los cronistas señalan que estas mujeres “gustaban de lucir buen rostro”, y para ello se ponían en la cara y las mejillas un ungüento conocido como axin, de color amarillo, aunque también usaban otros colores. Una curiosidad es que también gustaban de oscurecerse los dientes de rojo con un extracto de cochinilla, ya que ese rasgo resultaba atractivo entre los mexicas. En cuanto a la vestimenta y los adornos, tanto el Códice Florentino como el Matritense así como el cronista Fray Bernardino de Sahagún coinciden en que eran “excesivos”, pudiendo interpretarse como que los vestidos estaban adornados mucho más de lo que lo estarían los de las mujeres que no se dedicaran a la prostitución.

Maquillaje y peinado
Por último, el tema del lenguaje corporal es muy interesante. Así, los cronistas señalan que a las mujeres “honestas” se las enseñaba que:

No andes con apresuramiento ni con demasiado espacio, porque es señal de pompa andar despacio, y el andar de prisa tiene resabio de desasosiego y poco asiento. Andando llevarás un medio, que ni andes muy de prisa ni muy despacio; y cuando fuere necesario andar de prisa, hacerlo has así; por esto tienes discreción. Cuando fueres por la calle o el camino no lleves inclinada mucho la cabeza y muy erguida, porque es señal de mala crianza. No hagas con los pies meneo de fantasía por el camino. Anda con sosiego y con honestidad por la calle. No mires por aquí y por allá, ni vuelvas la cabeza para mirar a una parte y a otra. Mira a todos con cara serena… de manera que ni lleves el semblante como enojada ni tampoco como risueña

De este texto podemos deducir que las ahuianime andaban de forma totalmente contraria. Asimismo, en los Primeros Memoriales se dice de las prostitutas: “Andas llamando con los ojos (guiña los ojos a la gente, cierra el ojo a la gente), andas sonriendo a la gente (vuelve el rostro, ríe, anda riendo), andas haciendo señas con la lengua a la gente, andas silbando a la gente, andas sonando las manos (para llamar) a la gente, andas llamando a la gente con las manos… Llamas a la gente con disimulo”.

En un festival religioso
Una característica de las ahuianime es que solían mascar una resina llamada tzictli, antecedente directo del actual chicle. La razón de ello era doble: por un lado les servía para limpiar sus dientes y tener buen aliento, y por otro les servía para llamar la atención de los hombres (mirándolos fijamente mientras mascaban). El tzictli era, pues, un distintivo del oficio al que se dedicaban. Otro de esos distintivos era un tatuaje en la parte baja de la pierna, que muchas mostraban al paso de los hombres haciéndoles saber de esta manera que eran prostitutas. Además, las ahuianime solían mover mucho las manos y gesticular, al contrario del resto de las mujeres, más comedidas en sus gestos.

Ahuianime según el Codex Florentino
En cuanto a la higiene personal, se señala que solían bañarse con frecuencia (al igual que el resto de la sociedad mexica) pero aplicándose después ungüentos, hierbas olorosas y perfumes que atrajeran a los hombres por el olor. En ese aspecto, los mexicas consideraban que las prostitutas atraían a los hombres con el empleo de afrodisiacos, bien en el perfume bien en las bebidas que daban a los hombres. Era común representarlas como mujeres situadas en las encrucijadas que ofrecían a los viajeros una copa con una bebida afrodisiaca, de ahí que los mexicas aconsejaran no aceptar bebida de un extraño.

Cerámica representando una prostituta
Caso aparte es el de las maqui o prostitutas militares. Este término, traducido como “la que se entremete”, designaba a aquellas mujeres que acompañaban a los guerreros en sus campañas. Su función era doble, ya que no sólo procuraban alivio sexual a los soldados sino que también evitaban así que éstos abusaran de las mujeres de los pueblos conquistados (algo penado con la muerte entre los mexicas). Además, formaban parte de la guerra psicológica previa a las batallas, pues insultaban al enemigo mostrando sus nalgas y también animaban a los suyos en la lucha. Se consideraba que estas mujeres eran las protegidas y las representaciones de los dioses Xochiquetzal y Cihuacoatl. Llevaban atavíos guerreros y mostraban actitudes marciales y viriles. Una curiosidad sobre ellas es que eran mujeres nacidas bajo el signo xochitl (es decir, en unas fechas determinadas del calendario), pues se creía que “las mujeres que nacieran en ellos, estarían inclinadas a la prostitución a menos que fueran penitentes y guardaran su ayuno para evitar caer en la fase del signo”.

El pago

La moneda corriente entre los mexicas eran las semillas de cacao, de modo que el pago de los servicios de las prostitutas se realizaba con ellas (normalmente el precio del servicio era de 10 semillas). Sin embargo, tenemos un caso aparte en las prostitutas sagradas, que participaban en los bailes rituales y eran asignadas a los distintos esclavos destinados al sacrificio. Así, el cronista Sahagún señala que las ahuianime eran contratadas por los señores nobles para que tuvieran relaciones sexuales con el esclavo destinado para ser inmolado en alguna de las fiestas principales. El trabajo de las mujeres públicas terminaba cuando éste moría en el altar de los sacrificios y el pago por sus servicios era el quedarse con las prendas y con todo objeto que hubiera pertenecido al esclavo.

Ahuianime ofreciendo sus servicios
El número de prostitutas asignadas a cada hombre objeto de sacrificio varía según la importancia de la festividad, e iba desde las cuatro que acompañaban al esclavo sacrificado en el mes de Toxcatl hasta sólo una para festividades de menor importancia. En cualquier caso, las crónicas señalan que “(la prostituta) le divertía constantemente, le acariciaba, le decía bromas, le hacía reír, le hacía cosquillas, gozaba en su cuello, le abrazaba, le bañaba, le peinaba, arreglaba su cabello, destruía su tristeza. Y cuando era el momento de la muerte del bañado (del futuro sacrificado) la ahuani se llevaba todo. Envolvía, guardaba todas sus pertenencias, todo lo que había usado para vestirse y se lo llevaba”.

Ofreciendo una flor
Asimismo, existía un tipo de prostitución sagrada entre ciertas sacerdotisas y algunos guerreros destacados. Este tipo de prostitución era tolerada siempre que se llevara con discreción, pues en caso de hacerse pública tanto el varón como la mujer eran severamente castigados. Para el Estado era muy importante mantener inmaculado el honor y la moral pública de los guerreros, y el castigo para los transgresores era ejemplar: a él le cortaban el pelo, le quitaban sus armas y atavíos y, además, le apaleaban prohibiéndole que volviera a bailar y cantar (la principal forma de honrar a los dioses, además del sacrificio). A la mujer también se le prohibía la participación en los bailes rituales. Por último, el guerrero era obligado a tomar por mujer a la prostituta; de esa manera, se aseguraba el sustento de la mujer, y el castigo del transgresor servía de ejemplo a los guerreros para que fueran más reservados.

Intercambio comercial entre prostituta y cliente
Curiosamente, la solicitud de servicios de los guerreros a estas prostitutas sagradas se producía llamándolas (discretamente, se entiende) a comer y llevándolas a sus casas. De hecho, el pago por estos servicios eran mantas y comida. Dicha solicitud se producía a la salida de los bailes con los que los mexicas honraban a sus dioses, y en los que participaban de forma destacada tanto los guerreros como las ahuianime.

Apéndice 1: Glosario de términos en náhualt relacionados con la prostitución

  • Ahuiani (plural ahuianime): la que está alegre (término común para las prostitutas)
  • Ahuilnemilitztli: vida contenta o alegre
  • Ahuilnenqui: la que vive o anda contenta
  • Apinauani cihuatl: mujer desvergonzada
  • Aoccan ca iyollo: mujer que ya no tiene en ninguna parte su corazón
  • Aocmo tlalia iyollo: mujer que ya no se asienta su corazón
  • Aquetzca cihuatl: mujer que levanta la cabeza (altiva)
  • Cihuacuecuech: mujer osada, desvergonzada o imprudente
  • Maauiltia: la que se divierte, se explaya, lleva una vida alegre
  • Maauiltiani: la que se recrea
  • Maqui: las entremetidas
  • Motzinnamacani: la que vende sus nalgas
  • Motetlaneuhtiani: la/el que se presta a alguien
  • Monamacac: la que se vende
  • Nouiampa tlachixtinemi: la que anda mirando hacia todos lados
  • Ocholo iyollo: la que pisó su corazón
  • Auiani calli: casa de alegres
  • Netzincouiloyan: lugar donde se compran traseros
  • Netzinnamacoyan: lugar donde se venden traseros


Apéndice 2: Artículos relacionados



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Diógenes de Sínope, un filósofo singular

Quizás una de las anécdotas más conocidas de la Historia de la Filosofía es la que narra que Alejandro Magno, cuando se disponía a ir a Asia junto a sus ejércitos a luchar contra el imperio Persa, pasó por Corinto y solicitó conocer al filósofo que “vivía con los perros”. Cuando Alejandro llegó, vio a un hombre semidesnudo acostado en el suelo y que vivía en condiciones lamentables: dormía en una tinaja rodeado de una jauría de perros y apenas tenía bienes materiales; así que le preguntó si podía hacer algo por él. El filósofo, algo irritado por la interrupción de su meditación, le dijo con malos modos “Apártate, me tapas el Sol”. Alejandro no sólo no se tomó a mal la respuesta, sino que declaró que “De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes”.

Diógenes en "La Escuela de Atenas"
Y es que el filósofo en cuestión se llamaba Diógenes de Sínope y era el máximo exponente de la escuela cínica, una corriente filosófica que consideraba despreciables los usos y costumbres de la sociedad y propugnaba vivir con lo mínimo imprescindible, despreciando los placeres mundanos. La vida de Diógenes es una fuente de anécdotas, muchas de ellas apócrifas, coleccionadas siglos después por otros autores (particularmente un historiador del siglo III llamado Diógenes Laercio). Y si bien cabe preguntarse si muchas de ellas son ciertas, nos dan una idea de la filosofía y la forma de vida que este filósofo propugnaba. En este artículo veremos algunas de ellas.

Exiliado de Sínope

De los primeros años de Diógenes se sabe bastante poco. Nacido en el 412 a.C. en la colonia griega de Sínope, a orillas del mar Negro, era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos fueron desterrados de su ciudad natal al estar mezclados en un fraude de moneda falsa, algo corroborado por la arqueología, ya que se han descubierto allí una gran cantidad de monedas falsas fabricadas con un gran formón y otras monedas con el nombre de Hicesias (al parecer, este fraude se perpetró más por motivos políticos que económicos, ya que había una gran disputa entre las facciones pro-persa y pro-griega en la ciudad).

Encuentro de Diógenes y Alejandro
El exilio lo llevó a Atenas, donde tomó contacto con las distintas corrientes filosóficas de la ciudad. Sin embargo, pronto se sintió decepcionado con la superficialidad de sus ciudadanos, ya que en su opinión no se preocupaban de lo que realmente estaba mal sino de lo que socialmente se consideraba malo. Esto le llevó a contactar con Antístenes, uno de los más fieles discípulos de Sócrates (estuvo presente durante su suicidio), fundador de una escuela filosófica en Cinosargo (palabra que significa “perro ágil o veloz”) y que por ello recibió el nombre de escuela cínica (“iguales a los perros”). Precisamente de este encuentro se narra una de las primeras anécdotas de Diógenes (aunque muy probablemente sea falsa).

Antístenes
La anécdota cuenta que Antístenes rechazó a Diógenes ya que no admitía discípulos. Diógenes insistió, pero Antístenes no dio su brazo a torcer e incluso le amenazó con el bastón. Ante esa actitud, Diógenes le dijo: “no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir”. Digo que la anécdota es con toda probabilidad falsa porque Antístenes sí que admitía discípulos, pero sólo jóvenes de clases desfavorecidas que no podían pagarse ir a otro tipo de escuelas. En cualquier caso, Diógenes puso en práctica de forma radical las enseñanzas de su maestro, que se basaban en prescindir de todo lo superfluo como forma de alcanzar la felicidad y la sabiduría.

Como curiosidad, cuando Diógenes llegó a Atenas lo hizo acompañado de un esclavo llamado Manes. Este esclavo terminó abandonándolo, sin embargo Diógenes se lo tomó bien y declaró: “Si Manes puede vivir sin Diógenes, ¿por qué Diógenes no va a poder sin Manes?”. Esta anécdota es una muestra de la filosofía que llevaría a lo largo de su vida.

El perro como sinónimo de libertad ante las convenciones sociales

Como ya hemos mencionado, Diógenes puso en práctica de forma radical las ideas de su maestro Antístenes. Para ello, utilizó la ironía y la burla como una forma de poner en evidencia aquello que consideraba como errores e hipocresías de sus conciudadanos. Creía que el comportamiento de los animales era una metáfora perfecta de la liberación frente a la sociedad, y de este modo, haciendo suya la forma despectiva con la que llamaban a sus ideas (cínicas, iguales que los perros) se hizo rodear de una jauría de esos animales y declaraba ser como ellos: “Halago a los que dan, ladro a los que no lo hacen y muerdo a los malos”. Consideraba que para ser hombre debía librarse de las convenciones sociales, y para eso debía primero comportarse como un perro.

Representación de Diógenes
De hecho, respondía a los que llamaban así haciendo gala de un comportamiento similar a los perros. Una vez unos hombres le tiraron unos cuantos huesos mientras se reían de él; Diógenes mantuvo la calma, se acercó a ellos y les orinó encima. En otra ocasión contestó a los que se burlaban de él llamándole “perro” mientras comía en el ágora (la plaza principal de la ciudad) gritándoles “¡Perros vosotros, que me rondáis mientras como!”. Asimismo, cuando Platón lo llamó así le contestó “Sí, ciertamente soy un perro, pues regreso una y otra vez junto a los que me vendieron”. Finalmente, decía de él mismo que era “un perro de los que reciben elogios, pero con el que ninguno de los que lo alaban quiere salir a cazar”.

Diógenes en su tinaja
Las polémicas con Platón eran constantes. Éste lo definió como un “Sócrates delirante” y Diógenes estaba atento a lo que Platón enseñaba para ridiculizarlo. En cierta ocasión, enterado de que Platón había definido al hombre como un “bípedo sin plumas”, Diógenes cogió una gallina, la desplumó y la soltó en mitad en los muros de la Academia diciendo “aquí tenéis al hombre de Platón”. Sin embargo, éste fue rápido de reflejos y modificó su definición: “El hombres es un bípedo sin plumas y de uñas anchas”. En otra ocasión, Platón encontró a Diógenes lavando unas lechugas en una fuente para comérselas, y le dijo “¡Diógenes, si tú sirvieras a Dionisio, de seguro no tendrías que lavar lechugas para comer!”. Diógenes, sin alterarse, se acercó a Platón y le susurró al oído: “Y si tú lavaras lechugas, Platón, de seguro no tendrías que servir a Dionisio para comer”.

La pobreza extrema como denuncia

Uno de los rasgos más conocidos de Diógenes es su renuncia a los bienes materiales, como forma de poner de manifiesto la vanidad humana. Sus únicas posesiones eran un zurrón, un bastón, la tinaja en la que vivía, un plato en el que comía y una escudilla con la que bebía agua. Aun así, vio una vez a un niño beber agua con sus manos y dijo “este niño me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas”, por lo que decidió desprenderse de ella. Asimismo, vio a otro niño poner las lentejas de su comida en un trozo de pan, por lo que también tiró su plato. Iba siempre descalzo, y en verano se revolcaba en arenas ardientes y en invierno se abrazaba a las estatuas cubiertas de nieve para, según él, acostumbrarse a los rigores.

Platón
Este desprecio a las posesiones le llevaba a menudo a utilizar los bienes materiales como instrumento de sus puyas. Por ejemplo, en una ocasión en que alguien puso un candil a la entrada de su tinaja, lo usó a plena luz del día diciendo que “buscaba un hombre honesto”, dando a entender a todos con los que se cruzaba que ellos no lo eran. Otra vez vio como los sacerdotes de un templo llevaban a alguien que había robado una vasija perteneciente al tesoro y dijo: “Los ladrones grandes llevan preso al pequeño”. Finalmente, un hombre rico le invitó cierto día a cenar en su casa; mientras le enseñaba las riquezas de su mansión le prohibió que escupiera en el suelo, a lo que Diógenes respondió escupiéndole en la cara, ya que “era el sitio más sucio que había encontrado”.

Muerte de Sócrates
Mendigaba con frecuencia, ya que dependía de la caridad para comer; lo curioso es que lo hacía mientras gritaba a los transeúntes “Si ya has dado a alguien, dame también a mí; si no, empieza conmigo”. Solía decir también que la gente daba limosna a los mendigos pero no a los filósofos porque “piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero filósofos, jamás”. En cierta ocasión se le vio mendigar a una estatua, y cuando le preguntaron por qué lo hacía repuso: “Me ejercito en fracasar”. Otra vez pidió limosna a un hombre famosos por su mal carácter; cuando éste le dijo que le daría algo si lograba convenecerle, Diógenes le contestó “Si fuera capaz de persuadirte, lo haría para que te ahorcaras”.
  
Otra representación de Diógenes y Alejandro
Una de las cosas que solía afirmar es que las cosas de mucho valor tenían poco precio y que las cosas caras eran poco valiosas, y ponía como ejemplos las altas cantidades que se pagaban por algo tan superfluo como una estatua frente a lo poco que se pagaba por la harina o el pan. Es irónico que en la actualidad se denomine “Síndrome de Diógenes” a la acumulación incontrolada de todo tipo de cosas, incluida basura, cuando el filósofo que le da nombre se distinguió precisamente por renunciar a todos los bienes materiales.

La burla como forma de transmitir sus ideas

Al igual que con Platón, Diógenes se servía de la burla para ridiculizar las ideas de otros filósofos. En cierta ocasión escuchaba a un discípulo de Zenón de Elea negar el movimiento, y en respuesta se levantó y empezó a andar. Cuando alguien que le escuchaba le reprochó “Te dedicas a la Filosofía y nada sabes”, Diógenes le contestó “Aspiro a saber, y eso es justamente la filosofía”. En una ocasión un joven le pidió ser su discípulo; Diógenes le dio un atún y le ordenó seguirlo donde fuera. Como al poco rato se cansó de hacer el ridículo, el joven tiró el atún y se fue. Cuando un tiempo después se volvieron a encontrar, Diógenes le dijo riéndose: “Un atún ha echado a perder nuestra amistad”.

Estatua de Diógenes
Pero no sólo los filósofos eran objeto de sus burlas. Cierta vez se acercó a un orador de nombre Anaxímenes, que era muy gordo, y le dijo “Concede a nosotros, mendigos, parte de tu estómago; nosotros saldremos ganando y para ti será un gran alivio”. Además, en cierta ocasión en que este orador daba un discurso se puso a agitar un pescado entre la multitud; como sea que Anaxímenes perdió el hilo y dio por terminado el discurso, Diógenes exclamó “Un pescado de un óbolo desbarató el discurso de Anaxímenes” (el óbolo era una moneda griega).

Buscando un hombre honesto
Claro que a él tampoco le gustaba que no le prestaran atención. Cierta vez que disertaba sobre un tema para él muy serio y nadie le hacía caso, se puso a trinar. La gente, extrañada, empezó a congregarse alrededor suyo, y él les reprochó que se apresuraran ante los que hacían tonterías y no escucharan los temas serios. Los que le conocían se extrañaban de que todos los días saludara cordialmente a un músico que al parecer era muy malo; Diógenes respondía que le respetaba porque “Como es, toca”. Se burlaba de todo y de todos. Y si bien los que le escuchaban a menudo también se burlaban de él, a la vez le temían y le respetaban.

La provocación y el desprecio de las convenciones sociales

A estas alturas ya deberíamos tener claro que Diógenes despreciaba profundamente las convenciones sociales de sus conciudadanos, y buscaba ridiculizarlas. Para ello hizo gala de un comportamiento antisocial y subversivo que a través de la provocación. Una de sus conductas más provocadoras consistía en hacer sus necesidades y masturbarse en público. Argumentaba que ambas cosas eran naturales y por tanto no deberían requerir privacidad, y a quienes le reprochaban su conducta les respondía “¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!”.

Estatua de Diógenes en Estocolmo
Repetía incesantemente que prefería la compañía de los cuervos a la de los aduladores, pues “los cuervos devoran a los muertos; los aduladores, a los vivos”. Azote de supersticiosos, a una mujer que estaba postrada rezando a los dioses le dijo que su postura era ridícula, pues si los dioses estaban en todas partes podía estar en ese momento detrás de ella y su postura resultaría irreverente. Se divertía estornudando a la izquierda de los que sabía que creían en supersticiones (algo de mal agüero), y a los que veía consultar el significado de algún sueño, les reprochaba que se preocuparan más por lo que hacían dormidos que por su conducta estando despiertos.

En su tinaja
Poco se sabe de la muerte de Diógenes. Circularon varias versiones: la ingestión de un pulpo vivo, la caída de un caballo… Incluso hubo quién afirmó que se suicidó aguantando la respiración (algo biológicamente imposible). Parece ser que sus últimas palabras fueron “Cuando me muera, echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado”. Filósofos posteriores le admiraron, e incluso Epicteto le recordó como modelo de sabiduría. En la ciudad de Corinto le recordaron con una columna de mármol que coronaba la figura de un perro descansando.
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