Las dos vidas del mariscal Ney

En un artículo anterior hablamos de la llegada a París desde Elba de Napoleón, dando comienzo al conocido como “Imperio de los 100 días”. Sin duda alguna, uno de los momentos más delicados (y a la vez más emocionantes) de toda la marcha sucedió en Auxerre cuando el Emperador y el mariscal Michel Ney, que había salido a capturarlo por orden de Luis XVIII, se fundieron en un abrazo. El paso de Ney y sus tropas al bando de Napoleón precipitó los acontecimientos posteriores, haciendo que el rey Borbón lo viera todo perdido y tomara la decisión de huir de París. Poco después, Napoleón recuperaba el trono.

El mariscal Michel Ney
La contribución de Ney no acabó aquí. En la subsiguiente guerra contra las potencias europeas comandó el ala izquierda del ejército francés y estuvo al mando, junto al propio Bonaparte, en la batalla de Waterloo. Tras la derrota francesa, Ney se entregó al restituido Luis XVIII, que lo condenó a muerte. Sin embargo, una leyenda empezó a surgir pocos años después de su fusilamiento: el mariscal Ney estaba vivo y residía en los Estados Unidos. Allí había llegado en 1819 un tal Peter Stewart Ney, de gran parecido físico con el mariscal. Y aunque estando sobrio negaba cualquier relación, cuando bebía confesaba ser el gran mariscal de Francia. Conozcamos en este artículo un poco más de esta curiosa leyenda.

De comerciante de licores a mariscal de Francia

Hijo de un tonelero, Michel Ney vino al mundo el 10 de enero de 1769 en la fronteriza región del Sarre. Su padre había sido militar, por lo que el joven Ney tuvo la oportunidad de conocer el modo de vida de un soldado a través de las historias que su progenitor le contaba. Un detalle importante es que hablaba perfectamente el alemán, ya que era la lengua de origen de su madre. Recibió su educación con los agustinos, pero desde niño comenzó a trabajar como aprendiz de un comerciante de licores del Sarre, y poco después como vendedor de una fundición. Sin embargo con 18 años, y contraviniendo los deseos de su padre, decidió alistarse en el ejército, concretamente en el 5º Regimiento de Húsares.

Carga de húsares
Ney empezó pronto a destacar. Además de ser un soldado valiente, generoso y querido por sus compañeros, demostró desde el primer momento una gran inteligencia. Estas cualidades hicieron que fuera nombrado teniente en 1792, capitán en 1794 y general de brigada en 1796, al destacarse en las guerras contra la Francia Revolucionaria. Sus compañeros empezaron a llamarle “el infatigable”, pero el mote que más arraigó fue “le rougeaud” (el rubicundo). Ney destacaba en todas las batallas en las que participaba. Recibió varias heridas, pero siempre se negaba a darse de baja. En 1799 se casó con Aglaé Auguié, una íntima amiga de Hortensia de Beauharnais, hija de la esposa de un prometedor general llamado Napoleón Bonaparte. Esta amistad influyó poderosamente en su carrera.

Hortensia de Beauharnais
Y es que poco después se produjo el golpe de Estado del 18 de brumario (9 de noviembre de 1799), que llevaría al general Bonaparte al poder. A través de Aglaé, Ney y Napoleón se conocieron y quedaron impresionados el uno del otro. Desde ese momento, a Ney se le empezaron a otorgar más y más responsabilidades, hasta que en 1804 recibió el bastón de mariscal. A partir de entonces destacaría en todas las campañas napoleónicas, recibiría el título de duque de Elchingen, y en agosto de 1808 fue enviado a España. Pero donde su estrella se haría más brillante sería en la campaña de Rusia, donde se ganó el respeto y la admiración de todos.

De Moscú a París

Al igual que en campañas anteriores, Ney se distinguió en Rusia, en especial en Borodinó. Tras esta batalla Napoleón le nombró Príncipe del Moscova. Las tropas francesas llegaron hasta Moscú, pero el incendio de la ciudad (provocado por los propios rusos) y las dificultades de abastecimiento hicieron que los franceses tomaran la decisión de retirarse. Ney fue puesto al mando de la retaguardia. Durante 40 días protegió la retirada del acoso de la caballería cosaca, logrando mantener unido al ejército a costa de miles de bajas. Pero sin duda su mayor hazaña la realizó en el río Berezina, donde junto a sólo 12 soldados logró retrasar el ataque ruso permitiendo que parte del ejército francés cruzara antes de que los ingenieros volaran los puentes.

Ney en el puente de Kovno
Napoleón desconocía si Ney había podido salvarse, por lo que cuando éste se presentó ante él pocas horas después informándole que había cruzado el puente justo antes de ser volado, y que por tanto era el último francés que se había retirado de Rusia, un emocionado emperador dijo:

Francia está llena de hombres valientes, pero ciertamente Ney es el más valiente de entre los valientes

Tras esta retirada y la posterior derrota en la “Batalla de las Naciones” de Leipzig, la suerte de Napoleón estaba echada. Los aliados invadieron Francia y París se rindió ante los prusianos. Los principales mariscales redactaron un manifiesto por el que pedían a Napoleón que abdicara, y Ney fue el encargado de entregárselo. Tras leerlo, Napoleón exclamó “¡Los soldados obedecerán a su Emperador!”, a lo que Ney replicó "Sire, los soldados obedecerán a sus generales”. Poco después el emperador abdicó y aceptó exiliarse a Elba. El 29 de abril de 1814 Ney se presentó ante el nuevo rey Luis XVIII, que le ratificó en todos sus títulos y le nombró Par de Francia. Sin embargo, Ney se sentía incómodo, pues los nobles franceses se burlaban a sus espaldas de su modesto origen.

Los 100 Días, Waterloo y el fusilamiento

Tras el desembarco de Napoleón en Francia el 1 de marzo de 1815 y su marcha hacia París, Ney fue convocado por Luis XVIII, que le encargó detener a Bonaparte a toda costa. Ney respondió: “Traeré a Napoleón en una jaula de hierro”. Sin embargo, tras recibir una carta de puño y letra del emperador en términos afectuosos, decidió pasarse a su bando, no sin antes advertirle que le abandonaría si tenía la menor tentación de convertirse en un tirano. Napoleón entró en París el 19 de marzo entre aclamaciones y lanzando mensajes de paz al resto de potencias europeas. A pesar de ello, se formó la Séptima Coalición contra Bonaparte antes incluso de que éste recuperara el trono. Todos los esfuerzos diplomáticos fracasaron y Francia se dispuso de nuevo para la guerra.

Carga en Waterloo
Ney recibió el mando del ala izquierda francesa. El 16 de junio de 1815 entabló combate contra los británicos en Quatre Bras, obligándoles a retirarse a Waterloo. Dos días después se produjo allí la célebre batalla del mismo nombre, en la que los británicos (ayudados por la llegada de los prusianos) derrotaron a los franceses. La actuación de Ney en esta batalla fue muy criticada, ya que lanzó 4 cargas de caballería consecutivas contra los cuadros ingleses sin haberlos debilitado previamente con la artillería. Sin embargo, y haciendo honor a su fama de valiente, Ney luchó en primera línea como un soldado más. Es significativo que, cuando vio todo perdido, lanzó una última carga contra los ingleses al grito de “¡Venid y ved cómo muere un Mariscal de Francia!”. Poco después fue capturado cuando, lleno de rabia e impotencia, golpeaba con su sable el lateral de un cañón inglés.

Fusilamiento de Ney
Tras la derrota, Ney fue procesado en un Consejo de Guerra y declarado culpable de traición. Condenado a muerte, en la lectura de la sentencia interrumpió al secretario judicial mientras leía los cargos diciéndole “Sí, sí. Pasad ese párrafo y decid sólo: Michel Ney, y pronto un poco de polvo”. El 7 de diciembre de 1815 fue llevado al muro trasero de los Jardines de Luxemburgo para ser fusilado. Se negó a vendarse los ojos y se le concedió el privilegio de dar la orden de disparar. Antes de dar dicha orden dijo “¡Soldados, rechazo ante Dios y ante la Patria el juicio que me condena! He luchado cien veces por Francia y nunca contra ella. Apelo ante los hombres, ante la posteridad, ante Dios. Apuntad directo al corazón. ¡Viva Francia!”. Moría así un bravo soldado, al que Víctor Hugo dedicó unas sentidas palabras en “Los Miserables”:

¡Ah, desdichado Ney! Tantas veces expuesto a balas enemigas, estabas destinado a balas francesas

Sin embargo, pronto surgió la leyenda de que en realidad no había muerto, sino que estaba en Estados Unidos bajo una nueva identidad. Comenzaba el mito de Peter Stewart Ney.

La leyenda de Peter Stewart Ney

En 1819 apareció un tal Peter Stewart Ney en Florence, Carolina del Sur. Su parecido físico con el mariscal Ney era sorprendente. Dominaba perfectamente el alemán (recordemos que el mariscal también, ya que su madre era originaria de Alemania), y aunque decía no hablar francés, en numerosas ocasiones se le vio consultando libros en ese idioma sobre las campañas de Napoleón. Pero no acababan ahí las coincidencias: era un experto esgrimista (dominaba sobre todo el sable) y montaba a caballo a la perfección. Este Peter Stewart Ney residió sus últimos años entre las dos Carolinas dando clases (llegó a hacerlo en el prestigioso Davidson College, del que diseñó su actual escudo) y murió en 1846.

Monumento a Ney
Si bien estando sobrio este hombre negaba ser otra cosa que un profesor, cuando empezaba a beber “confesaba” ser el auténtico mariscal Ney. Durante sus borracheras contaba detalles de las batallas de Napoleón en las que había participado. Explicaba que se había salvado del fusilamiento al ser hermano de masonería del duque de Wellington, que le hizo llegar a través del embajador británico una botella llena de líquido rojo. Los soldados dispararon por encima de su cabeza, él hizo explotar la botella de líquido contra su pecho y poco después tomó la identidad de Peter Fox. Unos años después, se embarcó para América, en la que se presentó bajo el nombre por el que ahora le conocían todos.

Muerte de Napoleón
A lo largo de su vida en América se contaban episodios que parecían confirmar que aquel maestro era el mariscal Ney. Por ejemplo, en una ocasión se cayó del caballo al intentar montar, y al ir sus acompañantes a ayudarle a montar de nuevo exclamó: “¿Vais a ayudar a montar al mariscal Ney, al viejo húsar?”. Asimismo, en 1821 un alumno llevó a su clase un periódico que contaba la muerte de Napoleón en Santa Elena; el profesor se desmayó y tuvo que ser llevado a su casa, donde intentó suicidarse. Además, tras un reconocimiento, el médico que le atendió declaró que tenía las mismas heridas que había sufrido el mariscal Ney en los campos de batalla de Europa. Asimismo, un examen grafológico hecho tras su muerte desveló que la letra de ambos era coincidente. Finalmente, se encontró un poema suyo compuesto en 1835 llamado “Gone with their glories, gone” que decía:

Aunque yo fui el bravo entre los bravos, mi pluma y mi bastón se fueron

Peter Stewart Ney murió el 15 de noviembre de 1846 con 77 años (la misma edad del mariscal de haber estado vivo). En su lecho de muerte dijo “Bessières ha muerto, la vieja guardia ha muerto, por favor, dejadme morir en paz”, y sus últimas palabras fueron “Yo soy el mariscal Michel Ney de Francia”. En su tumba hay una placa que reza: “A la memoria de Peter Stewart Ney. Nativo de Francia y soldado de la Revolución francesa bajo Napoleón Bonaparte”.

Placa en la tumba de Peter Stewart Ney
¿Puede ser verdad que el profesor y el mariscal fueran la misma persona? Algunos detalles indican que la hipótesis es verosímil. Por ejemplo, tras la ejecución el cuerpo del mariscal fue retirado apresuradamente del lugar (algo contrario a las ordenanzas) y no se le dio el tiro de gracia. Fue enterrado sin presencia de su esposa ni de sus familiares directos en una discreta tumba de París; sin embargo, al abrirse su féretro en 1903 se comprobó que el ataúd estaba vacío. Asimismo, un marinero del navío que lo llevó a Estados Unidos, antiguo soldado de Napoleón, declaró años después que lo había reconocido en el barco como el mariscal Ney.

Letra del mariscal Ney
Probablemente nunca lo sepamos; al menos hasta que se exhume el cuerpo del profesor y se haga un análisis de ADN comparándolo con los descendientes directos del mariscal. En cualquier caso poco importa, ya que la leyenda de Peter Stewart Ney no necesita ser cierta para seducir a los amantes de las conspiraciones; basta sólo con que sea verosímil.
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"El Baile de los 41"

Los homosexuales nunca lo han tenido fácil en México. Ya desde los tiempos prehispánicos los mexicas castigaban violentamente la homosexualidad (aunque otros pueblos eran más tolerantes), algo que se continuó con la llegada de los muy católicos conquistadores. Los españoles instauraron la Inquisición, y una de sus misiones consistía en castigar con la muerte el llamado “pecado nefando”; es decir, la sodomía. Con el paso del tiempo esta actitud se fue relajando, hasta el punto de que durante el reinado del emperador Maximiliano I la homosexualidad dejó de ser un delito. Claro que una cosa es que no se castigara con el código penal en la mano y otra bien distinta que estuviera bien visto, sobre todo en un país tradicionalmente tan machista como el mexicano.

Grabado satírico del "Baile de los 41"
Este contexto no debe perderse de vista al analizar el episodio que hoy traemos aquí. En 1901 se produjo uno de los escándalos más sonados de la época en México cuando la policía irrumpió en una casa donde se estaba celebrando una fiesta de homosexuales. Más o menos la mitad de los asistentes vestían de mujer, y muchos de ellos eran de la alta sociedad. El trato dado a los detenidos (a aquellos que no pudieron comprar su libertad) fue denigrante; y aunque se trató de acallar todo el asunto, los rumores permanecieron mucho tiempo y sus consecuencias en el imaginario y las costumbres del país continúan hasta hoy en día. Esta es la historia del “Baile de los 41

La redada

A las 3 de la madrugada del 18 de noviembre de 1901, un policía se asomó por una ventana de la casa situada en el número 4 de la calle la Paz (hoy día Ezequiel Montes, en la colonia Tabacalera), en lo que entonces eran los límites de la Ciudad de México, y se escandalizó de lo que vio allí. Dentro había parejas bailando, pero lo escandaloso para el policía es que esas parejas eran exclusivamente de hombres, y algunos de ellos estaban vestidos de mujer. Llamó inmediatamente refuerzos, y cuando éstos llegaron, aporrearon repetidamente a la puerta. La excusa para ello era pedir el permiso de esa celebración (una excusa peregrina, ya que no se necesitaban permisos para celebraciones privadas).

Corrido del baile
Lo que pasó a continuación está mejor explicado en una nota del diario “El Popular” del día 21 de noviembre, donde se podía leer:

“(…) Salió a abrirles un afeminado vestido de mujer, con la falda recogida, la cara y los labios llenos de afeite y muy dulce y melindroso de habla. Con esa vista, que hasta al cansado guardián le revolvió el estómago, se introdujo éste a la accesoria, sospechando lo que aquello sería y se encontró con cuarenta y dos parejas de canallas de éstos, vestidos los unos de hombres y los otros de mujer que bailaban y se solazaban en aquel antro

Inmediatamente empezaron las carreras y los intentos de escapar. Los que iban vestidos de mujer trataron de esconderse o de encerrarse en alguna habitación para deshacerse de sus vestidos, pero ninguno lo consiguió. En una de las estancias se encontró tendido a un joven (un trabajador sexual al que las crónicas de la época llamaron “Bigotes rizados”) cuyos servicios al parecer eran el premio de una especie de sorteo conocida como “la rifa del Pepito”.

Ignacio de la Torre y Amada Díaz
La policía detuvo a 41 personas, 19 de ellas vestidas de mujer. Los esposaron y se los llevaron a varios cuarteles cercanos (los que iban vestidos de hombre al cuartel número 24 de la policía y los travestidos al de la policía montada) bajo la acusación de “ofensa a la moral y las buenas costumbres”, ya que como hemos mencionado la homosexualidad no era ya un delito penado por la ley. Allí les aplicaron el primer castigo arbitrario: barrer la calle con las ropas de fiesta puestas, ya fueran de hombre o de mujer. Sin embargo, el rumor generalizado es que en la fiesta no había 41 sino 42 personas, y que una de ellas había logrado escapar vestido de mujer sobornando a precio de oro a un policía y haciendo valer su identidad. Y es que ese hombre era nada menos que Ignacio de la Torre y Mier, el yerno del dictador y presidente de la nación Porfirio Díaz.

El “Yerno de la Nación

Hijo de uno de los más ricos hacendados de México, Ignacio de la Torre y Mier no era sin embargo el típico heredero que no hacía nada y vivía de las rentas. Había mejorado las tierras que había heredado, introduciendo en ellas los más modernos métodos de cultivo y explotación. Su finca de más de 15.000 hectáreas era la mejor y la más productiva del país. Hacía frecuente vida social, y aunque los rumores de “comportamientos inadecuados” no dejaban de crecer a su alrededor, su posición, su dinero y su encanto personal hacían que fuera uno de los solteros más codiciados de México.

Ignacio de la Torre
En 1887 conoció a Amada Díaz, la hija favorita del presidente de la nación Porfirio Díaz. La muchacha acababa de romper su compromiso matrimonial con el hijo de un general. Ambos empezaron a frecuentarse, y tras un corto noviazgo se casaron el 16 de enero de 1888. Fue la boda del año en México, y a Ignacio de la Torre se le empezó a conocer como “El Yerno de su Suegro” y “El Yerno de la Nación”, en referencia a su entrada en la familia más poderosa por entonces del país azteca. Sin embargo, desde el primer momento la convivencia fue difícil, ya que de la Torre prefería no hacer vida común con su esposa (vivían en alas distintas de su palacete) y hacía frecuentes salidas con sus compañeros de francachela.

Amada Díaz
Los rumores sobre la homosexualidad del yerno del presidente no hacían sino crecer. Sólo se veía a los cónyuges juntos en actos protocolarios, e incluso pretextaba cualquier excusa para no acudir a las comidas cuando su suegro visitaba a su hija. La afición favorita de Ignacio de la Torre era organizar fiestas sólo para hombres junto a su íntimo amigo Antonio Adalid, apodado “Toña la Mamonera” (nada menos que un ahijado del antiguo emperador Maximiliano). A esas fiestas algunos invitados acudían vestidos de mujer, pero solía pretextarse que tales bailes eran de disfraces, por lo que esos vestidos estaban justificados. Una de esas fiestas fue la que ocurrió en la madrugada del 18 de noviembre de 1901 y que estamos narrando aquí.

Había sólo 41

Al día siguiente del escándalo se le presentó a Porfirio Díaz la lista de los asistentes al baile. El presidente la leyó y preguntó “¿Cuántos estaban en la fiesta?”. Cuando le respondieron que había 42 personas, tachó de la lista el nombre de su yerno y dijo cortante “Había sólo 41”. A partir de ese momento se trató de acallar la participación de Ignacio de la Torre en todo el asunto, pero los rumores de que era uno de los asistentes eran cada vez mayores. De la Torre aseguró a su esposa que era todo mentira, pero Amada Díaz tuvo una conversación con su padre en la que el presidente le confirmó los hechos. En su diario anotó:

Un día mi padre me mandó llamar al despacho en su casa. Me quería informar que Nacho había sido capturado por la policía en una fiesta donde todos eran hombres pero muchos estaban vestidos de mujer. Ignacio -me dijo mi padre- fue dejado libre para impedir un escándalo social, pero quise prevenirte porque tienes derecho a saber del comportamiento con la persona con que vives

Las relaciones entre yerno y suegro se hicieron aún más tirantes si cabe. Porfirio Díaz, ante los rumores de homosexualidad de su yerno, ya había dado orden de que se vigilara a de la Torre cada vez que salía al extranjero; pero este episodio fue la gota que colmó el vaso y apenas se hablaron el resto de su vida.

Porfirio Díaz
Independientemente de que se trataran de acallar los rumores sobre el yerno del presidente, los periódicos se dieron un festín con la noticia. Aunque no se mostraron los detenidos a la prensa y sólo se supo la identidad de unos cuantos, empezaron a aparecer notas de prensa en la que se trataba el asunto con mayor o menor escarnio. Así, la “Gaceta Callejera”, una hoja suelta que se repartía de mano en mano, hizo una edición especial con el título “Los 41 maricones encontrados en un baile de la calle de La Paz el 20 de noviembre de 1901”, que incluía un corrido satírico junto a una caricatura que representaba la fiesta. Asimismo, periódicos como El Popular, El Diario del hogar, El Universal, La Patria o El hijo del Ahuizote empezaron a difundir todo tipo de burlas y sátiras sobre el asunto. Muchos de ellos fueron ilustrados con grabados de José Guadalupe Posadas hechos para la ocasión. Todos los diarios hacían hincapié en que muchos de los detenidos eran jóvenes de familias conocidas y de buena posición y expresaban su rechazo homofóbico. Empezó a hablarse de un “Círculo Rosa” alrededor del Porfiriato y se acuñó el término “La aristocracia de Sodoma” para definir a los detenidos.

Las consecuencias

Si bien se alzaron algunas voces que calificaron las detenciones como ilegales y arbitrarias, la inmensa mayoría de la opinión pública aplaudió la medida. Al día siguiente de las detenciones, 19 de ellos (aunque un periódico habló sólo de 12) fueron metidos en un tren que los llevó hasta el Yucatán donde se les obligó a alistarse en el ejército y a realizar trabajos forzados. Así, el diario “El Popular” decía el 25 de noviembre que “Los vagos, rateros y afeminados que han sido enviados a Yucatán, no han sido consignados a los batallones del Ejército que operan en la campaña contra los indios mayas, sino a las obras públicas en las poblaciones conquistadas al enemigo común de la civilización”.

Los detenidos obligados a barrer las calles
Estos condenados fueron los que no pudieron pagarse su libertad con dinero e influencias. El periódico “El Hijo del Ahuizote”, en su edición de 21 de noviembre, consignaba sarcásticamente esta diferencia de trato a los detenidos:

Dice la canción que en el pobre es borrachera y en el rico alegría, cuando se trata de trompetas, y en este caso, en el pobre es cochinada y en el rico refinamiento de coquetería y de buen tono. Si el gobernador violó la ley con aplauso general, debió haber jalado parejo, para que más se le hubiera agradecido, no que dejó la semilla y arrojó las hojitas de la mata. Ahora ya no puede andar en la calle acompañado de un amigo, porque luego lo tratan del Club de los 41

Algunos de los obligados a alistarse intentaron interponer un recurso de amparo ante tan arbitraria medida. Es por ello que se conocen sus nombres: Pascual Barrón, Felipe Martínez, Joaquín Moreno, Alejandro Pérez, Raúl Sevilla, Juan B. Sandoval y Jesús Solórzano. Se desconoce su destino final, pero no debió ser nada halagüeño. El resto de los detenidos siguió en el anonimato aunque los rumores sobre su identidad eran conocidos por todos. Con el tiempo, el asunto se fue olvidando.

El maldito número 41

Diez años después Porfirio Díaz fue derrocado por una revolución y abandonó el país. Ignacio de la Torre se quedó en México, y desde el primer momento mostró su oposición al nuevo régimen del presidente Francisco Ignacio Madero, e incluso se vio implicado en su asesinato. Detenido y encerrado en la prisión de Lecumberri, su esposa iba a visitarlo todos los días. Finalmente, a principios de 1915, fue transferido a la custodia de Emiliano Zapata, que se lo llevó con su ejército. Allí Zapata lo humillaba haciéndole servir a la tropa con ropas femeninas y entregándoselo a los soldados para que abusaran de él (una de las reglas que Zapata implantó fue ejecutar inmediatamente a cualquiera de sus soldados que fueran sorprendidos violando a alguna mujer, por lo que imaginamos que la tropa tenía necesidades sin cubrir).
 
Emiliano Zapata
No sabemos a ciencia cierta la razón de que Zapata tratara así a Ignacio de la Torre. Quizás estaba vengando alguna ofensa personal. En 1906, éste lo había sacado del ejército y se lo había llevado a su finca como caballerango (mozo que ensilla y cuida los caballos), al parecer atraído por él. La mayoría de historiadores rechazan que hubiera una relación homosexual entre Zapata y de la Torre, aunque en el diario de Amada Díaz puede leerse que los sorprendió “revolcándose en un establo”, y una soldadera (mujer que acompañaba a los soldados, también llamadas Adelitas) de Zapata declaró que el caudillo revolucionario “era tan hombre, pero tan hombre, que se acostaba con otros hombres”. Es muy probable que sólo sean infundios contra Zapata, pero la semilla de la duda está presente. En cualquier caso, los continuos abusos hacia el otrora poderoso “Yerno de la Nación” le destrozaron el recto. Cuando finalmente fue liberado en 1918 se fue a Nueva York a operarse, y murió en la mesa de operaciones.

Soldaderas o Adelitas
Pero quizá la consecuencia más estrambótica de todo este escándalo que sacudió al país es que desde entonces el número 41 se convirtió en un tabú en México al asociarse a la homosexualidad. Uno de los mayores insultos en el país azteca es decirle a un hombre que “es de los 41”. El escritor militar Francisco Urquizo escribió:

"En México el número 41 no tiene ninguna validez y es ofensivo para los mexicanos (...) La influencia de esa tradición es tal que hasta en lo oficial se pasa por alto el número 41. No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42. No hay nómina que tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que ostenten el número 41. Si acaso y no hay remedio, el 40 bis. No hay cuarto de hotel o de Sanatorio que tenga el número 41. Nadie cumple 41 años, de los 40 se salta hasta los 42. No hay automóvil que lleve placa 41, ni policía o agente que acepte ese guarismo"

(Hay que aclarar que no es que se cumplan 40 años y al año siguiente 42, sino que el 41 cumpleaños no se celebra y los mexicanos dicen que tiene “40 años y 12 meses”).

Placa conmemorativa del baile
Dos curiosidades finales. Por un lado, las prisiones mexicanas tienen pabellones que no están numerados, sino que se les identifica con letras: A, B, C, etc. Los homosexuales eran encerrados en el pabellón J, y de ahí viene que en México (y en otros países sudamericanos) reciban el nombre de “jotos”. Por otro lado, en el baile de los 41 Ignacio de la Torre trató de esconderse en un armario (o closet), pero un policía lo vio y le ordenó que saliera, cosa que hizo maquillado y vestido de mujer; los mexicanos afirman que este episodio fue el origen de la frase “salir del armario” o “salir del closet”.
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Desmontando bulos (II): de esclavos de saldo y engaños a la Wikipedia

Segundo artículo de la serie dedicada a desmontar bulos históricos. En un artículo anterior tratamos dos de los más populares: la canastilla del vigía de los barcos de vela y su supuesta relación con la palabra “carajo”, y la falsa conexión entre el logotipo de Apple y la muerte de Alan Turing. Hoy trataremos otros dos bulos que se repiten con regularidad, y a pesar de que han sido desmentidos innumerables veces, siguen apareciendo de vez en cuando. Sabemos que este trabajo no los erradicará, pero no podemos dejar de poner nuestro grano de arena para evitar que sigan engañando a más personas. Al menos los que lean este artículo sabrán la verdad, y podrán desengañar a aquellos que repiten sin descanso estos y otros bulos.


El Black Friday y los saldos de esclavos

El cuarto jueves de noviembre se celebra en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias. El día siguiente es conocido como “Black Friday” (viernes negro), y es un día de grandes rebajas en los comercios. Y cada vez que se acerca ese día aparece uno de los bulos históricos de más éxito. El bulo en cuestión es una imagen de un malvado negrero rodeado de esclavos encadenados en lo que parece ser la cubierta de un barco. A la imagen acompaña un texto que más o menos dice así: “El viernes negro (Black Friday) se deriva de la esclavitud. Fue el día después de Acción de Gracias, cuando los comerciantes de esclavos los vendían rebajados para la temporada de invierno. De ahí el nombre de Black Friday”. No sabríamos precisar cuándo empezó a circular esta falsa explicación al nombre del popular día de rebajas que sucede al Día de Acción de Gracias, pero sí que sabemos que empezó a popularizarse a partir del año 2010, sobre todo a través del correo electrónico.

Imagen de la supuesta relación entre esclavitud y "Black Friday"
Pero fue en 2014 cuando esta leyenda se hizo viral al ser compartida por dos populares estrellas norteamericanas en sus cuentas de redes sociales. Una de ellas era el jugador de baloncesto de la NBA J.R. Smith, que lo compartió en su cuenta de Instagram el 25 de noviembre de 2014, y en pocas horas obtuvo varios miles de “Me gusta”. Pero lo más grave es que muchos de sus seguidores decidieron hacerse eco y lo compartieron a su vez. Al día siguiente, la cantante Toni Braxton lo publicó en su cuenta de Facebook, y tuvo una repercusión apoteósica. Desde entonces millones de personas han ido repitiendo la historia, y nunca falta quien se la cree y la va difundiendo año tras año.

Publicaciones de J.R. Smith y Toni Braxton
Hay que decir que además de asociar ese día a los saldos de los vendedores de esclavos, ha habido explicaciones igualmente peregrinas. Así, algunos achacan la expresión “viernes negro” a una crisis financiera de 1869, en la que el valor del oro se redujo drásticamente; pero teniendo en cuenta que dicho viernes cayó en septiembre y nada tiene que ver con Acción de Gracias, se nos antoja que por ahí no van los tiros. Asimismo, otros atribuyen el nombre a ser el día en que los comerciantes dejaban las pérdidas (números rojos) y empezaban a apuntarse beneficios (números negros), ya que ese día aumentaban las ventas y a la vez comenzaba la campaña de regalos navideños. Como vamos a ver, esta información tampoco es del todo correcta. Así pues, ¿cuál es la explicación del término “Black Friday” asociado a una campaña de ventas?

Tráfico en los 50
La primera vez que tenemos noticia de la expresión “viernes negro” asociada al día posterior a Acción de Gracias es del año 1951, y el nombre se lo pusieron los empresarios. Parece ser que ese día en cuestión muchos de sus empleados llamaban para comunicar que no irían a trabajar por encontrarse enfermos. Sin dudar de que algunos de los que llamaban realmente lo estuviera, está claro que la mayoría lo único que buscaba era tener un largo fin de semana de 4 días. Sin embargo, esta expresión no pasó de ser una broma privada que los empresarios tenían entre ellos, y en ningún caso se vinculó a un aumento de ventas asociado a las rebajas.

Partido entre el ejército y la marina estadounidenses
Sería a finales de la década de 1950 cuando empezó a asociarse ese término con las compras, y eso ocurriría en la ciudad de Filadelfia. Por un lado, coincidía en esa fecha que una multitud de niños, acompañados de sus padres, fueran en tromba a los grandes almacenes a ver a Papá Noel y de paso ver los juguetes de Navidad (ya que ese día empezaba la campaña de compras navideñas) y un encuentro de fútbol americano entre las academias del ejército y la marina. Todo ello suponía atascos monumentales en la ciudad. Los policías, obligados a hacer turnos de 12 horas ese día, empezaron a llamarlo “viernes negro”, expresión que adoptaron los dependientes de las tiendas al tener que aguantar avalanchas de maleducados padres acompañados de sus hijos. El término empezó a tener éxito, pero las evidentes connotaciones negativos hizo que los empresarios intentaran en la década de 1960 cambiar el nombre a “Big Friday” (gran viernes). Sin embargo, no tuvieron éxito y la expresión “viernes negro” se mantuvo.

Artículo del NYT
No sería hasta 1975 en que, a raíz de un artículo del New York Times señalando los enormes atascos de tráfico de ese día en Filadelfia, cuando el término empezó a hacerse famoso en todo el país. Inmediatamente se asoció la expresión a las rebajas que ese día se ponían en los comercios minoristas, por lo que a esa jornada de compras desaforadas se le empezó a conocer con el nombre de “Black Friday” (a pesar de que en otras ciudades los atascos no eran tan grandes). A los comerciantes seguía sin gustarle el término, por lo que empezaron a promover la leyenda de que el nombre venía dado por el cambio de números rojos a números negros. Así que como ven, esta supuesta explicación es también falsa, aunque sólo tenga propósitos de marketing. No como la de los esclavos, que es una estupidez de cabo a rabo.

Bulos que se colaron a la Wikipedia

Casi todos los que están leyendo este artículo han (y hemos) consultado alguna vez la Wikipedia. Esta plataforma creada en el año 2001 ha servido de base a numerosos trabajos estudiantiles, ya que la gran variedad de artículos que presenta la hacen una herramienta muy poderosa para empezar a adentrarse en algunos temas. Es una plataforma abierta, por lo que cualquiera puede participar y poner sus conocimientos al servicio de la comunidad. Sin embargo, la opinión generalizada es que adolece de falta de profundidad en la mayoría de los temas, por lo que sólo debe utilizarse como medio para empezar a aprender pero no para convertirse en un experto ni para trabajos de más calado que una simple redacción de clase.

Imagen de la Wikipedia
Pero quizá el mayor inconveniente de esta herramienta es precisamente el espíritu abierto con el que fue concebida. El hecho de que cualquier persona pueda escribir una entrada o modificar alguna de las ya existentes ha dado lugar a episodios delirantes, en los que se han cambiado datos por vandalismo, para gastar alguna broma o simplemente para probar la fiabilidad de los controles. Normalmente estos bulos duran poco tiempo, ya que la página mantiene una constante revisión de su contenido; sin embargo, ha habido ocasiones en las estos bulos se han mantenido algunos años. Estos son algunos ejemplos:

Gaius Flavius Antoninus: La biografía de este supuesto general romano que nunca existió estuvo nada menos que 8 años y un mes en la Wikipedia. Sus andanzas no tenían desperdicio; había nacido en el año 88 a.C., y formaba parte de la familia de Julio César a través de su abuelo materno. Sin embargo, parece que este parentesco no tuvo ninguna influencia en él ya que estuvo implicado en la conspiración contra César y participó en su asesinato, siendo uno de los senadores que lo apuñaló al pie de la estatua de Pompeyo. Lo más sorprendente fue su muerte, ya que el artículo afirmaba que había sido asesinado en el año 44 a.C. a manos de un prostituto bajo las órdenes directas de Marco Antonio.

Asesinato de César
La Micronesia española: Este bulo duró mucho menos que el anterior, apenas 8 meses, pero la repercusión que tuvo fue mucho mayor. El artículo en cuestión narraba que había varias islas en el Pacífico que seguían perteneciendo a España ya que no formaban parte del contrato de venta que se firmó con Alemania en 1899. Estas islas formarían lo que se llamó “La Micronesia Española”. El artículo alcanzó bastante notoriedad y fue mencionado en algún medio serio incluso cuando ya había sido borrado. Finalmente, el gobierno español tuvo que salir al paso en el año 2014 después de que se registrara una pregunta en el Parlamento sobre el tema. La respuesta del Gobierno fue “La interpretación más lógica del Tratado de 1899 entre España y Alemania es que ambas partes tenían tan claro que lo que se estaban transfiriendo eran todas las posesiones que España aún conservaba en el Pacífico, que no se consideró necesario hacer una delimitación geográfica”.

Supuestas islas de la Micronesia Española
Jacques Giraf: Sin duda uno de los mejores engaños que le han colado a la Wikipedia fue la biografía de este supuesto poeta francés nacido en Toulouse en 1875, y ganador nada menos que del Premio Nobel de Literatura en 1942 (año en que no se concedieron los Premios Nobel a causa de la Segunda Guerra Mundial). En el artículo se podía leer que sentía un gran amor por las jirafas: “Luego de pasar por varios colegios, se fue a París a estudiar biología. Toda su vida tuvo un fuerte amor por las jirafas; en parte porque todos lo llamaban así por su apellido”. Ya desde sus primeros años sentiría afición por este animal, en incluso uno de sus primeros escritos  (de 1896) decía “Me pregunto qué sería del mundo sin las jirafas… seguro que yo no estaría vivo”. Como es natural, el Premio Nobel se le concedió “por su gran aporte a la literatura mundial y la defensa del silencio eterno de las jirafas”. Este artículo, que estuvo nada menos que 4 años antes de ser eliminado, finalizaba así: “Tras ganar el premio dedicado a Alfred Nobel, Jacques Giraf se marchó a vivir a África y murió un 29 de abril de 1955, teniendo un entierro repleto de grandes personalidades y jirafas de todas las razas”. Hay que reconocer que el que lo hizo tenía gracia.

Objeto del deseo de Giraf
Antón de Palategui: Durante 5 años y 3 meses se mantuvo en la Wikipedia un artículo sobre este supuesto conquistador español. Además de soldado, era poeta y su obra más famosa tenía por título “Cristo en la Bestia”. Su vida estuvo llena de experiencias enriquecedoras, ya que en su juventud viajó a Grecia para aprender e imbuirse de espíritu poético. Según el artículo, Palategui formó parte de la expedición de Orellana en busca de El Dorado del año 1542, que transcurrió desde el Río Negro hasta la desembocadura del Amazonas.

Francisco de Orellana
La Guerra de Bicholim: Y dejo para el final mi favorito. Y no sólo mío, ya que el periódico británico “Daily Mail” dijo que era “el bulo más elaborado de Wikipedia”. Durante algo más de 5 años se mantuvo un artículo sobre un inexistente conflicto bélico ocurrido en el Siglo XVII entre Portugal y el imperio hindú de Maratha. Dicha guerra, transcurrió entre mediados del año 1640 y principios del año 1641 en Goa, en el Suroeste de la India; y concretamente la batalla decisiva se produjo cerca de la ciudad de Bicholim. El artículo constaba de más de 4.000 palabras y mezclaba personajes y hechos reales con ficción, pero todo estaba apoyado por una enorme cantidad de referencias. Lo increíble de todo el asunto es que fue catalogado como “artículo bueno” (es decir, aprobado por la propia Wikipedia) tan sólo 2 meses después de publicarse, e incluso llegó a ser candidato a “artículo destacado”. Fue otro usuario el que empezó a sospechar al encontrar que muchas de las referencias y fuentes que se facilitaban eran falsas. Finalmente, en 2007 el artículo fue retirado.


Mapa de Goa
Y termino dándoles un consejo: si a la propia Wikipedia le colaron tantos artículos falsos, no crea todo lo que ve publicado en redes sociales. Sea escéptico, y procure confirmar lo que lee con varias fuentes.
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A todo gas: el pedo en la Historia

Aunque es indudable que no están demasiado bien vistas en la etiqueta social, está claro que las flatulencias son algo natural al hombre y al resto de animales. Y no sólo son naturales, sino que también han jugado un importante papel en la vida del planeta, ya que se sabe que el metano generado por los pedos de los animales a lo largo de la eras geológicas han producido cambios climáticos que han moldeado el devenir de la vida en la Tierra. Sin embargo, no nos detendremos en este tipo de cosas, sino en el papel que estas ventosidades han jugado a lo largo de la Historia humana.
Fragmento del He-Gassen japonés
Y es que los pedos han tenido manifestación en la Mitología (donde distintas civilizaciones tenían dioses asociados a ellos), en la Filosofía (con reflexiones sobre el tema de Pitágoras o San Agustín), en la cultura (baste citar el hilarante pero poco conocido “Poema al pedo” de Quevedo o los rollos pictóricos de la cultura Edo en Japón) y hasta en el devenir de algunas guerras y rebeliones. Antes de empezar, les advierto que este artículo puede ser muy desagradable o muy divertido, dependiendo de cómo se lo tome usted; así que, si decide seguir leyendo, procure que al final no se le escape un pedo.

El pedo en la Mitología

La referencia más antigua que se conoce a una flatulencia es el texto de una antigua tablilla sumeria: “... al gran Lugalzagesi, ya que cuando estalla su viento es como el vapor que se escapa del vino hervido”. Este tal Lugalzagesi fue un rey de la ciudad de Umma que en el siglo XXIV a.C. conquistó una a una todas las ciudades sumerias y llegó en sus campañas hasta el Mediterráneo. Aunque no acabó bien (fue finalmente derrotado por Sargón el Grande), la tablilla nos muestra que una de las características de los hombres poderosos era la fuerza con la que ventoseaban. Curiosamente, esta manifestación no estaba demasiado bien vista en personas de menor rango; así, un antiguo proverbio sumerio fechado alrededor del año 1900 a.C. dice: “Algo que nunca ha ocurrido desde tiempos inmemoriales; una mujer joven no se tiró un pedo en el regazo de su marido”, que deja traslucir un cierto desagrado ante esa conducta.

Lugalzagesi
No consta que los sumerios tuvieran una deidad específica para estas cosas, pero sí que una variante de su dios Baal era adorado por moabitas, cananeos y madianitas. Su nombre era Baal-el-Peor (llamado así  por el monte Peor y no por ser muy malo). Lo extraño de este dios es que se le ofrecían los residuos humanos como ofrenda, llegando los fieles a defecar en la boca de la estatua; aunque la ofrenda más común era tirarse un pedo en la parte de atrás de la imagen del dios. El Antiguo Testamento (Salmos 106,28) señala además que se le ofrecían sacrificios humanos. De este dios Baal salió el mayor enemigo de Jehová: Baal-Zebú (Belcebú), cuya traducción era “Señor de las Moscas”.

Baal-el-Peor
Los civilizados griegos no contaban con un dios para estos menesteres, aunque los atenienses comparaban el trueno con el sonido de la ventosidad celestial. Tampoco en Roma existía tal cosa, según se desprende de las fuentes contemporáneas. Sin embargo, los escritores satíricos cristianos posteriores inventaron para el panteón romano al dios Crepitus, de origen egipcio, como divinidad de las flatulencias. Una referencia a dicho dios se encuentra en la obra “Reconocimientos”, atribuida dudosamente al Papa Clemente I. En dicha obra se dice “Otros (entre los egipcios) enseñan que el ruido intestinal (en latín: crepitus ventris) debe considerarse como un dios”. No obstante, esta referencia es con toda probabilidad un intento de sátira contra las deidades menores de los romanos.

Viñeta satírica de "El Jueves" sobre Crepitus
Pero sin duda la palma de las divinidades de las ventosidades se la lleva el dios Matshishkapeu del pueblo Innu, una cultura del Canadá. Este dios, cuyo nombre puede traducirse como “el hombre pedo”, es una deidad poderosa que castigó al dios Caribú con un doloroso estreñimiento cuando éste se negó a proporcionar caribúes para que los hombres comieran. Se relacionaba con los innu con frecuencia; ¿a que no adivinan cómo? Exacto, a través de los pedos. Se consideraba que el ruido que hacían las ventosidades eran mensajes del dios, de modo que una flatulencia repentina en mitad del campo exigía interrumpir la tarea que se estuviera haciendo para buscar la interpretación de dicho ruido. Esta interpretación la hacían chamanes específicos para el asunto. Una curiosidad de este dios es que es omnipresente: “él siempre está contigo, no importa dónde puedas viajar”. Más o menos como sus manifestaciones.

El pedo en la filosofía, la cultura y el arte

También en la Filosofía el pedo ha sido protagonista. La escuela pitagórica sostenía que los gases producidos por la ingestión de habas eran el alma de dicha legumbre que trataba de escapar, por lo que prohibió su ingesta. Los griegos posteriores también prohibieron comer judías, pero no porque las flatulencias que provocaban fueran el alma de nadie, sino porque consideraban ventosear como una grave falta de educación (hasta el punto de que el que se tirara un pedo en la Academia era inmediatamente expulsado de ella de por vida). Posteriormente, los maniqueos llegaron a la conclusión de que los pedos eran el acto de "liberar la luz divina del cuerpo". El propio San Agustín hablaba de hombres que podían peer a voluntad produciendo el efecto de una canción.

Representación Innu del dios Matshishkapeu
Claro que los filósofos medievales no tenían el mismo criterio, ya que afirmaban que los pedos eran “el producto de la descomposición, la marca de muerte”. De la misma opinión era Dante, que en “La Divina Comedia” hace que los flatulentos contumaces acaben en el Infierno por causa de haber hecho un uso demoníaco de esa función natural (literalmente dice “y él había, del culo, hecho trompeta”). Con posterioridad las tornas cambiaron y apareció en Inglaterra la Escuela de Slovenrie (fundada por Friedrich Dedekind) que enseñaba a sus estudiantes que contener el deseo de orinar, peer y vomitar era algo malo para la salud y que había que dar rienda suelta a todas estas actividades. Incluso en 1776 se publicó una obra del filósofo francés Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaur llamada “El arte de peerse: teoría, práctica y metodología”, en cuyo interior se afirma:

Es en el mundo social donde el pedo puede tener sus mejores desarrollos, ya sea para iniciar una conversación, para hacer callar a un contertulio fatigoso o como salida triunfal en una disputa dialéctica. Hay que ser claro: el pedo es un acto de afirmación existencial solo al alcance de aquellos que han conquistado su libertad más allá de los prejuicios sociales

En la Literatura, el pedo ha estado presente en multitud de autores, desde Aristófanes hasta el ya citado Quevedo, pasando por Chaucer, Cervantes, Rabelais y muchos más. Todos ellos aprovecharon la comicidad inherente a las ventosidades. En este sentido, cabe destacar que desde muy antiguo existía un tipo de bufón cuya especialidad era entretener al público a base de pedos. En la Irlanda medieval eran llamados “braigetoir”. El más famoso de ellos fue Roland “the farter” (Roland el pedorro), bufón del rey de Inglaterra Enrique II, por cuyas habilidades flatulentas se le concedió una hacienda y 30 acres de tierra, y que estaba obligado a ejecutar ante el rey cada Navidad “Unum saltum et siffletum et unum bumbulum” (un salto, un silbato y un pedo). Asimismo, a principios del siglo XX adquirió gran notoriedad en París Joseph Pujol, alias “Le Pétomane” (el pedómano), entre cuyas habilidades estaba imitar animales, truenos e incluso tocar “La Marsellesa” a base de flatulencias.

Portada de "El arte de peerse"
No sólo en Occidente se entretenía la gente con estos menesteres. En el Japón del periodo Edo (1603-1868) un artista desconocido realizó una serie de dibujos con tinta en un rollo de papel y los tituló He-Gassen, lo que puede traducirse como “Batalla de pedos”. En estos dibujos pueden observarse hombres semidesnudos tirando flatulencias en dirección a otros hombres, animales u objetos, pedos almacenados en sacos como armas de destrucción e incluso levitaciones de animales pequeños a base de ventosidades. Al parecer, estos dibujos se hicieron para ridiculizar a los occidentales, que se veían impactados ante las flatulencias japonesas. Estos pergaminos fueron dibujados en torno al año 1810.

Los pedos y la guerra

Heródoto nos narra el trágico fin, pedo mediante, que tuvo la vida y el reinado de Apries (también conocido como Haaibra-Uahibra), uno de los faraones de la XXVI dinastía del Antiguo Egipto. Egipto no estaba ya para muchos trotes y su poderío sólo era una sombra de lo que había sido en el pasado. Los problemas se multiplicaban por doquier. Uno de esos problemas fue la invasión de Cirene, en la actual Libia, por parte de los griegos micénicos. Apries trató de expulsar a los invasores enviando un pequeño ejército al lugar. Lo malo era que dicho ejército sólo contaba con unos pocos soldados egipcios, ya que la mayoría eran mercenarios extranjeros. Y todo se agravó cuando la expedición resultó ser un desastre de proporciones bíblicas.

El infortunado Apries
La derrota provocó que los mercenarios y los soldados egipcios se enfrentaran entre sí y que los motines estuvieran a la orden del día. El prestigio del faraón estaba en juego, así que envió a Amasis, su mejor general, a controlar la situación. Éste, después de escuchar las quejas de los soldados, no sólo las hizo suyas sino que se puso al frente de la revuelta, declarándose él mismo faraón. La rebelión ya era un hecho. Apries, consciente de que su vida estaba en peligro, envió a su consejero Patarbemis para que intentara hacer entrar en razón a Amasis, pero éste le respondió con un sonoro pedo y la frase: “Lleva ésto de vuelta a Apries”. Cuando el pobre Patarbemis reprodujo el mensaje, el faraón le cortó como castigo la nariz y las orejas. Poco después, la rebelión de Amasis triunfó y el desdichado Apries perdió la vida y el trono.

Roland el Pedorro
No menos trágica es la historia que nos relata Flavio Josefo sobre otro flatulento episodio. Corría el año 52 y Roma era la dueña de Judea. No obstante, sus súbditos judíos no veían con buenos ojos estar bajo el dominio romano, y siempre había tensiones latentes entre dominantes y dominados. Esta tensión estalló en la celebración de la Pascua de ese año, cuando en medio de los fastos religiosos, un soldado romano se levantó la falda, dirigió sus posaderas a la multitud y soltó una estruendosa flatulencia. La muchedumbre indignada, como respuesta, empezó a apedrear a los soldados romanos. A partir de aquí, los acontecimientos se precipitaron.

Maqueta del Templo de Jerusalén
Las protestas en la ciudad se extendieron y el procurador Venditio Cumano se vio obligado a refugiarse en la fortaleza Antonia, adjunta al Templo de Jerusalén. Desde allí mandó llamar a más soldados de los alrededores. Las tropas de Roma empezaron a reprimir la revuelta y las calles se tiñeron de sangre. Josefo afirma que la cifra de muertos ascendió a más de 20.000 personas, entre avalanchas y enfrentamientos. Sin duda este número es exagerado, pero sí que es cierto que varios miles de judíos perecieron en los disturbios. No sabemos el destino del flatulento soldado, aunque es muy posible que fuera ejecutado por provocar unos disturbios que podían haber dado lugar a algo más grave.

Fragmento del He-Gassen
Por último, debemos hablar de un curioso incidente acontecido ya en nuestra época. En 1981 se produjo el denominado “Incidente Whisky on the Rocks”, cuando un submarino soviético cargado con armas nucleares emergió en aguas suecas muy cerca de su principal base naval. Suecia no formaba parte de la OTAN, pero el incidente hizo que se extremara la vigilancia en aguas del Báltico. Poco después, las fuerzas Armadas del país escandinavo detectaron misteriosos sonidos provenientes de las profundidades del mar, y sospecharon que eran producidos por nuevos submarinos de la URSS que andaban merodeando por la zona.

Carl Bildt
Tras una década de ruidos y vigilancia, en 1994 el Primer Ministro sueco Carl Bildt escribió una furiosa carta a Boris Yeltsin protestando por la actividad submarina de su armada, y amenazaba con un incidente diplomático. Al final todo quedó en nada, ya que se descubrió que los misteriosos sonidos no estaban producidos por submarinos, sino que eran el producto de los pedos de los arenques, que en grandes bancos cruzaban el Báltico. La cara que se le debió quedar a Bildt debió ser un poema, sobre todo cuando se vio obligado a disculparse con su homólogo ruso.

Joseph Pujol, Le pétomane
Y quisiera acabar con un episodio aún más surrealista. Conocido es que los Estados Unidos estuvieron experimentando muchos años con armas de lo más creativas. La más famosa de ellas era la “Bomba gay”, que buscaba volver homosexuales a las tropas enemigas. Es menos conocido que otra arma que se buscaba era una bomba que actuara sobre el sistema digestivo de los soldados enemigos y les provocara espantosas flatulencias. De este modo, se pensaba, las tropas del enemigo no sólo estarían afectadas de terribles dolores de tripas, sino que también perderían la posibilidad de pasar inadvertidas por el ruido y el olor de sus pedos. Y es que como ya se ha dicho muchas veces, la frase “inteligencia militar” es una contradicción en sí misma.
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