Alexander Selkirk, el auténtico Robinson Crusoe

Casi todos conocemos la historia de Robinson Crusoe. Aparecida por primera vez en 1719 en forma de novela narrada de manera falsamente autobiográfica, las peripecias de este náufrago que sobrevivió durante 28 años en una isla desierta después de sufrir un naufragio ha encandilado a multitud de lectores de todas las edades desde que fue publicada, y más modernamente gracias al cine. Considerada la primera novela inglesa moderna, esta obra proporcionó a su autor, el escritor Daniel Defoe, fama universal y está considerada una de las mejores novelas de aventuras de todos los tiempos.

Portada del libro "Robinson Crusoe"
Lo que pocos conocen es que esta novela está basada en varias personas reales y en sus peripecias como náufragos en distintas islas, pero sobre todo está inspirada en las aventuras y desventuras de Alexander Selkirk, un marino británico que vivió cuatro años solo en una isla del Pacífico Sur (bautizada posteriormente como Isla de Robinson Crusoe) después de ser abandonado allí por el capitán de su barco, y que sería rescatado por uno de los piratas más famosos al servicio de Su Muy Graciosa Majestad Británica, Woodes Rogers. Conozcamos las aventuras de Alexander Selkirk, el auténtico Robinson Crusoe.

Bajo el mando de William Dampier

Alexander Selkirk (nacido Selcraig) vino al mundo en Fife (Escocia) en 1676 y era el séptimo y último hijo de John Selcraig, un curtidor de pieles. En principio, seguir los pasos de su padre era el destino natural para Alexander. Sin embargo, parece ser que en su juventud fue convocado por un tribunal local con cargos poco claros, pero que tenían que ver con una “conducta indecorosa en la iglesia”. Como muchos otros en su situación, en lugar de presentarse ante el tribunal, decidió escapar y enrolarse como marinero. Después de servir en diferentes navíos, en 1703 finalmente se enroló como piloto (el equivalente al cargo actual de primer oficial) en el Cinque Ports, uno de los barcos de la expedición que capitaneaba William Dampier.

William Dampier
En aquella época (en plena Guerra de Sucesión Española), las potencias europeas se estaban peleando en Europa a base de bien y apenas había tropas que poder enviar a las colonias. Así que Inglaterra, para perjudicar el comercio español y francés en América, empezó a extender patentes de corso en abundancia (se cuenta que la reina Ana I Estuardo las firmaba con los espacios del beneficiario y el barco en blanco). Estos documentos facultaban legalmente al propietario a ejercer la piratería contra los enemigos de la corona inglesa, a cambio de compartir con ella el botín. Una de estas patentes de corso cayó en manos de William Dampier, que organizó una expedición compuesta por dos barcos, el Cinque Ports y el St. George, con la idea de atacar el “Galeón de Manila” (galeón que recorría una vez al año la ruta entre Acapulco y Manila y recogía toda la recaudación del comercio español en el Mar de China).

Aunque la historia española lo recuerde principalmente como pirata y corsario, William Dampier fue también un gran explorador. Fue el primero en cartografiar las costas de Australia (que por aquel entonces recibía el nombre de Nueva Holanda) y Nueva Guinea. Descubrió la Isla de Nueva Bretaña y circunnavegó el globo tres veces siendo el primero en realizar tal hazaña. Sin embargo, había sido despedido de la Marina Real en 1.701 después del hundimiento de su barco (el HMS Roebuck) y haber sido acusado de brutalidad con sus subordinados. No obstante, al calor de la piratería de Estado que Inglaterra iba a ejercer, encontró una segunda oportunidad.

El abandono de Selkirk

Como ya hemos dicho antes, el plan de Dampier consistía en doblar el Cabo de Hornos, atacar cuanto barco francés y español se encontrara, asaltar alguna población y finalmente, capturar el “Galeón de Manila” antes de que éste llegara a Acapulco. Un plan de lo más ambicioso, sin duda. Los dos barcos de la expedición se dirigieron al extremo sur de América dispuestos a pasar al Océano Pacífico; sin embargo, conforme se acercaban al Cabo de Hornos las dificultades no tardaron en aparecer. Los dos barcos, el St. George y el Cinque Ports tuvieron que soportar tres tormentas que los dejaron bastante maltrechos, especialmente a este último.

Isla de Más a Tierra, en un mapa de la época
Una vez pasados al Océano Pacífico, se dirigieron hacia el norte bordeando la costa y pusieron sitio a la ciudad minera de Santa María en Panamá, con escaso resultado. Poco después, realizaron un ataque a dos barcos mercantes que dejaron a los buques ingleses con bastantes desperfectos. La mala alimentación y las enfermedades que sufrían los miembros de la tripulación eran motivo frecuente de queja entre los marineros, que eligieron como portavoz al piloto del Cinque Ports, Alexander Selkirk. Los barcos corsarios ingleses llevaban casi un año navegando con pocos resultados, así que también los capitanes empezaron a tener discrepancias y decidieron separarse. El St. George, al mando de Dampier, continuó hacia el norte y el Cinque Ports, capitaneado por Thomas Stradling y con Selkirk como piloto, puso rumbo al archipiélago de Juan Fernández (actualmente perteneciente a Chile) para abastecerse de agua y víveres.

Una vez llegados a una de las islas de dicho archipiélago (la Isla de Más a Tierra, a más de 600 kilómetros de la costa continental chilena) Selkirk se plantó ante el capitán y exigió que el barco fuera reparado antes de continuar. Dijo que si no lo hacían, el peligro de hundimiento era muy grande y que prefería quedarse en tierra antes que volver a embarcar en semejante cascarón de nuez. Supongo que eso último lo dijo de farol, pero el capitán Stradling le tomó la palabra y abandonó a Selkirk en la isla con un mosquete y algunas balas, una libra de pólvora, un hacha, un cuchillo, una cazuela, una Biblia, ropa y algunos instrumentos de navegación, además de sus efectos personales.

Bahía de Cumberland, donde Selkirk fue abandonado
A Selkirk se le acababa de aplicar un castigo que era bastante común ante casos de motín, y el capitán Stradling había interpretado (bastante libremente, todo hay que decirlo) que su piloto se estaba amotinando. Zarpó de la isla dejándole en tierra, a pesar de las protestas de Selkirk. Lo más curioso de todo es que la predicción de Selkirk de que el barco se iría a pique si no se reparaba se cumplió un mes más tarde, pues el Cinque Ports naufragó tras una tormenta frente a la isla de Malpelo (actualmente perteneciente a Colombia). Los pocos supervivientes (incluido el capitán Stradling) fueron apresados por barcos españoles y llevados a Lima, donde pasaron cuatro años de penoso cautiverio. Así que, bien mirado, de todos los tripulantes del Cinque Ports Selkirk fue el que afrontó un destino más liviano.

La estancia en la isla

Según el mismo Selkirk narraría más tarde, los ocho primeros meses fueron los peores. No se separaba de la costa esperando ver algún barco a lo lejos y se alimentaba de los crustáceos, moluscos y tortugas marinas que encontraba. Tenía miedo de adentrarse en el interior de la isla, pero la vida en la playa era bastante incómoda, así que estaba constantemente en un dilema. “Al principio no comía nada hasta que el hambre me obligaba, ni me acostaba hasta que no podía más del cansancio”, narró años después. Finalmente, los leones marinos tomaron la decisión por él. Y es que cuando llegó la época de apareamiento de estos animales, la playa empezó a llenarse de machos muy agresivos que fueron ocupando todo el espacio disponible. Así pues, a Selkirk no le quedó más remedio que adentrarse en el interior de la isla.

Isla de Más a Tierra, en un mapa actual
El archipiélago de Juan Fernández no había estado siempre deshabitado. Años antes, tanto el descubridor del archipiélago (el portugués al servicio de España Juan Fernández, al que las islas deben su nombre) como los monjes jesuitas habían tratado de colonizar la Isla de Más a Tierra, aunque finalmente desistieran de sus intentos. Sin embargo, fruto de estas fallidas colonizaciones había en el interior de la isla animales que nadie podía imaginar que estuvieran allí, especialmente cabras. Selkirk se dio cuenta de que estos animales se podían cazar con facilidad y de los que podía aprovechar no sólo su carne, sino también su piel. Además, pudo complementar su dieta con peces, crustáceos y vegetales salvajes. Selkirk plantó también un pequeño huerto con las semillas de nabos que los jesuitas habían dejado abandonadas.

Construyó asimismo dos cabañas con la madera del árbol de pimienta, abundante en la isla. Una de ellas la destinó a dormir y la otra a cocinar. Cuando su ropa se fue deteriorando hasta casi verse convertidas en harapos, se hizo un traje de piel de cabra gracias a los conocimientos de curtidor que había adquirido de niño. Además, fabricó varios cuchillos con los anillos de hierro de un barril abandonado (afilando el metal contra las rocas). Sin embargo, ahora que parecía que la vida en la isla le iba mejor, dos problemas se le plantearon. El primero era que la pólvora empezaba a escasear, así que empezó a cazar las cabras “a la carrera” (según él mismo contó, cazó unas 500 en su estancia en la isla). El segundo era que las ratas eran también abundantes en la isla y, según él mismo dijo, “le roían los pies mientras dormía”, por lo que tuvo que domesticar unos cuantos gatos (que también los había) para mantenerlas a raya.

Ilustración de Robinson Crusoe
Pero lo peor de todo era la soledad. A pesar de que en la novela de Defoe el personaje encuentra un compañero (el famoso “Viernes”), en la realidad Selkirk estuvo solo todo el tiempo que pasó en la isla. Para entretenerse y mitigar esa soledad, se pasaba el tiempo grabando su nombre en los árboles, domesticando crías de cabra para que le hicieran compañía y leyendo la Biblia en voz alta para oír una voz humana, aunque fuera la suya propia. Sólo dos barcos fondearon en la isla durante el tiempo que Selkirk permaneció allí.  El problema era que esos barcos llevaban pabellón español y, al ser Selkirk escocés y con pasado corsario, lo más probable era que lo hubieran apresado si lo hubiesen visto, así que tuvo que esconderse de ellos en el interior de la isla. Selkirk narró después que, en una de esas ocasiones, los españoles le habían descubierto y le habían disparado, persiguiéndole hasta la espesura del bosque. No obstante, y aunque llegaron a aliviarse bajo el árbol donde Selkirk estaba encaramado, no lograron descubrirle y se marcharon “después de cazar algunas cabras”.

El rescate

El 1 de febrero de 1709, el famoso corsario inglés Woodes Rogers llegó a la Isla de Más a Tierra con sus dos barcos, Duke y Duchess, y se encontró con que en la playa ardía una hoguera, algo inusual en una isla que se creía deshabitada. Al día siguiente, un hombre descalzo y vestido con pieles de cabra salió de la espesura agitando los brazos. La emoción le impedía hablar (además, casi había olvidado su propio idioma), pero finalmente pudo pronunciar la palabra “abandonado” y acto seguido estalló en llanto. Tras 4 años y 4 meses de soledad, Alexander Selkirk acababa de ser rescatado. Claro que a punto estuvo de no subir a bordo del Duke cuando se enteró que su piloto era nada menos que ¡William Dampier! (el corsario al mando de la expedición que lo abandonó). Hubo que convencerle de que Dampier sólo era el piloto, pues había sido degradado a su vuelta a Inglaterra tras la expedición anterior, y que el capitán de esta expedición era Rogers.

Woodes Rogers y su familia
Una vez a bordo del Duke, Selkirk se aseó, afeitó y vistió con ropas normales. Fue nombrado segundo oficial del barco y la expedición se dirigió al norte con el objetivo de atacar (¿a que no lo adivinan?) el “Galeón de Manila”. Y el caso es que lo consiguieron. A finales de 1709, el Nuestra Señora de la Encarnación y Desengaño (que hacía la ruta Manila-Acapulco) fue capturado por la expedición de Rogers, haciéndose con todas sus riquezas. En más de 250 años que la ruta del “Galeón de Manila” estuvo en funcionamiento, sólo cuatro veces se dio la circunstancia de que fuera capturado (esta ocasión fue la segunda). A pesar de que esta captura les debería haber hecho ricos, diversos pleitos entre los miembros de la expedición y la Compañía de las Indias Orientales hicieron que Rogers, Dampier y Selkirk obtuvieran menos beneficio de su hazaña que el que les hubiera correspondido en justicia.

Lo que sí consiguió Rogers fue una gran fama, sobre todo después de escribir un libro donde narraba sus aventuras, y que tuvo muy buena acogida (especialmente todo lo relacionado con el rescate de Selkirk). Dicho libro, titulado “A Cruising Voyage Round the World”, fue lo que hoy denominaríamos un superventas, haciendo del autor un hombre nuevamente rico. Años después Rogers fue nombrado primer Gobernador de las Bahamas, acabando con la piratería en la zona del Caribe. Quién lo iba a decir de alguien que había sido anteriormente un exitoso corsario. El libro de Rogers cayó finalmente en manos de Daniel Defoe, que se basó en él (y en la historia de otros náufragos) para escribir su exitosa novela “Robinson Crusoe”.

Daniel Defoe, autor de "Robinson Crusoe"
¿Y qué fue de nuestro protagonista? Selkirk no se adaptó bien a su vuelta a la civilización. Cuando fue rescatado, tardó varios meses en poder llevar de nuevo zapatos, o tomar comida y bebida normal. A su regreso a Inglaterra, narraba sus aventuras de taberna en taberna. Regresó a Escocia sin haber cobrado su parte del botín y se vio envuelto continuamente en altercados y peleas por culpa de la bebida. Finalmente, la nostalgia se impuso y en 1717 se alistó en la Marina Real. Murió el 13 de diciembre de 1721 de fiebre amarilla, mientras estaba a bordo del HMS Weymouth. Su cuerpo fue arrojado por la borda, volviendo para siempre al océano que tanto amaba. Tras su muerte, aparecieron dos mujeres que decían ser su esposa reclamando sus bienes, y luego se supo que había engañado a ambas. Como homenaje a su historia, el gobierno chileno renombró en 1.966 la Isla de Más a Tierra como “Isla de Robinson Crusoe”, y la cercana Isla de Más Afuera como “Isla de Alexander Selkirk” (a pesar de que Selkirk nunca la pisó). Las aventuras de Selkirk alcanzaron así la inmortalidad, aunque siempre las asociaremos a alguien con otro nombre.

El Historicón

Comparte y comenta o el caballero se enfadará

0 comentarios:

Copyright © 2013 El Historicón and Blogger Themes.