Horacios contra Curiacios: la batalla de los trillizos

La historia temprana de Roma está envuelta en las brumas de la leyenda. Desde las historias sobre su fundación por Rómulo y Remo, dos hermanos amamantados por una loba, hasta las increíbles historias de heroicidades en las luchas con las ciudades vecinas antes de convertirse en la ciudad que dominó el mundo antiguo. Esto es así porque los antiguos romanos decidieron dotarse de una historia acorde con el poder que fueron adquiriendo con el tiempo. De este modo, se daba a entender que la ciudad estaba destinada a dominar el mundo, ya que sus orígenes míticos, llenos de dioses y héroes legendarios, la legitimaban para ello.

Detalle de "El juramento de los Horacios"
Uno de esos episodios semilegendarios es el que hoy traemos aquí. Tito Livio, en su monumental obra “Ab urbe condita libri” (a veces conocida como las Décadas, de la que sólo se conservan 35 libros de los 142 de los que constaba, y que tiene la particularidad de contener la primera ucronía conocida: imaginar el mundo si Alejandro Magno hubiera iniciado sus conquistas hacia el oeste y no hacia el este de Grecia), nos narra el episodio de la batalla de campeones entre las ciudades de Roma y la vecina Alba Longa. La batalla se desarrolló entre los Horacios (por parte romana) y los Curiacios (por parte albana), y presenta el curioso hecho de que los combatientes eran trillizos. El resultado de la batalla permitió a Roma anexionarse la ciudad vecina, en lo que sería el comienzo de su dominio del mundo conocido.

Los orígenes de Roma y Alba Longa

Las crónicas de los historiadores antiguos nos narran el origen mítico tanto de Alba Longa como de Roma, y ambos orígenes están relacionados. Así, cuenta la leyenda que cuando el héroe Eneas (descendiente de Venus) huyó de Troya (cuya destrucción, según Eratóstenes, habría ocurrido en 1184 a.C.) llegó a Italia y fundó en honor de su esposa Lavinia la ciudad de Lavinium, a unos 50 kilómetros al sur de Roma. Treinta años después, su hijo Ascanio fundó la ciudad de Alba Longa algo más al norte. De Ascanio surgió una dinastía de reyes entre los que destacaron Tiberino Silvio (que dio nombre al río Tíber) y Aventino (en cuyo honor se bautizó así a una de las colinas sobre las que se asentaba Roma).

Eneas
En el siglo VIII a.C. el rey de Alba Longa era Procas. Cuando este rey murió, el trono le correspondió a su hijo mayor Numitor; sin embargo, su hermano menor Amulio no estaba muy de acuerdo con la sucesión, por lo que lo destronó (Numitor se vio obligado a huir) y mandó asesinar a todos sus sobrinos. Sólo dejó viva a una, Rea Silvia, a condición de que se convirtiera en sacerdotisa de la diosa Vesta. Esta condición conllevaba que Rea Silvia se mantuviera virgen, por lo que no podría tener hijos que algún día reclamaran el trono que habían usurpado a su abuelo. Sin embargo, la leyenda cuenta que Rea Silvia tuvo dos hijos gemelos del dios Marte. Amulio mandó que esos niños fueran arrojados al Tíber, pero la sirvienta encargada de hacerlo se apiadó de ellos y los depositó en una cesta que dejó a la deriva en el río.

Rea Silvia y Marte
Y es aquí donde el origen de Roma se entronca con el de Alba Longa, ya que esos gemelos eran nada menos que Rómulo y Remo. A partir de aquí la historia es bastante conocida: ambos gemelos fueron recogidos y amamantados por una loba, hasta que un pastor los recogió y los crio como propios. Años después, los gemelos descubrieron su origen, marcharon a Alba Longa y mataron a Amulio, restituyendo de ese modo a su abuelo Numitor en el trono. Y como es también conocido, Rómulo fundó la ciudad de Roma (matando de paso a su hermano Remo) y dio origen a la dinastía de los siete reyes romanos, que se mantuvieron en el poder hasta el advenimiento de la República. Así pues, los orígenes míticos de ambas ciudades están entrelazados, lo que no fue obstáculo para que años después se enzarzaran en guerra.

El enfrentamiento entre las dos ciudades

Más allá de las leyendas sobre el origen de ambas ciudades, Tito Livio nos narra el episodio de cómo Roma llegó a conquistar y destruir a la ciudad de Alba Longa. Todo comenzó cuando alrededor del año 673 a.C. subió al trono romano su tercer rey, Tulio Hostilio. A diferencia de su antecesor Numa Pompilio, un hombre pacífico y devoto de los dioses, el nuevo rey era descreído y belicoso y buscó expandir los dominios de Roma. Y para ello, lo primero que debía hacer era derrotar a la vecina ciudad de Alba Longa.

Situación de Roma y Alba Longa
Las primeras hostilidades se desataron cuando grupos de campesinos romanos empezaron a saquear tierras de los campesinos de Alba Longa. Los albanos en represalia hicieron lo mismo con las tierras romanas, en una escalada de tensión que motivó que ambas ciudades enviaran legados para pedir la devolución de todo lo robado. Tulio Hostilio, que no deseaba la paz, se apresuró a despedir a la delegación albana declarando la guerra. A partir de ese momento la batalla era inevitable. El ejército de Alba Longa, al mando de su rey Cayo Cluilio, marchó contra Roma. Sin embargo, un acontecimiento provocó que las cosas no se desarrollaran como se había previsto en un principio: el rey albano enfermó y murió en el campamento de su ejército.

Tulio Hostilio
Sin tiempo para nombrar un nuevo rey que dirigiera al ejército en la batalla, los albanos nombraron a un dictador llamado Mecio Fufecio. A diferencia del fallecido rey, Mecio se daba cuenta de que una batalla entre ambas ciudades las debilitaría fuera cual fuera el resultado, por lo que las dos quedarían a merced de sus vecinos etruscos. Así pues, una vez formados los ejércitos para la batalla, el dictador albano envió delegados al rey romano ofreciéndole un acuerdo: en lugar de decidir la suerte de las ciudades en una batalla campal, ambos bandos elegirían sus campeones. Éstos serían los que se enfrentarían entre sí, y aquellos que ganaran quedarían dueños del campo de batalla y la ciudad perdedora se sometería a la vencedora.

La batalla de los trillizos

Los argumentos de Mecio debieron ser muy convincentes, ya que ambas partes acordaron que la supremacía se dirimiera en un combate entre tres representantes de cada uno de los ejércitos. De este modo se evitaría un grave derramamiento de sangre y ambas ciudades mantendrían sus ejércitos intactos para protegerse de posibles intentos de los etruscos de aprovechar la situación. Según el pacto alcanzado, la ciudad cuyos campeones resultaran vencedores anexionaría a la ciudad perdedora. Ambos pueblos estaban convencidos que les iría mejor bajo un único mando ya que por fin habría paz entre ellos, y el combate decidiría quién sería el que mandase (las palabras exactas de Tito Livio son “convinieron en que la victoria señalase cuál de los dos pueblos había de tener el imperio”).

"El juramento de los Horacios" de Jacques Louis David
La particularidad estribaba en que los combatientes debían ser hermanos trillizos. Se eligieron, por parte romana, a los hermanos Horacios, mientras que por parte albana los escogidos fueron los hermanos Curiacios. Se da además la curiosa circunstancia de que los dos grupos de combatientes eran primos entre sí, ya que eran hijos de dos hermanas, una casada con el romano Publio Horacio y la otra casada con el albano Curiacio Albino. Además, su relación era tan buena que habían concertado alianzas matrimoniales entre ellos y sus respectivas hermanas. Pero a pesar de todo esto, los dos grupos de hermanos se juramentaron para luchar hasta la muerte por su ciudad.

Victoria de Horacio sobre los Curiacios
A medida que iban acercándose al campo de batalla, cada pueblo iba sembrando el suelo de flores a su paso y les colocaba guirnaldas en la cabeza. El grupo romano iba dirigido por el rey, mientras que el albano era llevado por su capitán. Cuando ambos grupos se encontraron se abrazaron, para acto seguido prepararse para el combate. Cuando se dio la señal de comienzo, los dos grupos de trillizos se lanzaron a la lucha. A las primeras de cambio, dos Horacios resultaron muertos, mientras que los tres Curiacios seguían en pie. Sin embargo, el Horacio restante estaba ileso, mientras que los albanos estaban heridos de diversa consideración.

Tito Livio
Así pues, el romano restante, consciente de que no sobreviviría a un combate contra sus tres rivales a la vez, decidió conducirse con astucia. Salió corriendo simulando huir, perseguido por los Curiacios. Al estar éstos heridos, corrían a distinta velocidad, por lo que el Horacio superviviente los fue esperando y enfrentando uno a uno. Fue así como consiguió derrotar a los tres Curiacios en combate singular. Horacio despojó de sus armas a los vencidos, como señal de victoria. Roma había ganado, y ahora dominaba también a la vecina Alba Longa, algo que fue reconocido de forma inmediata por los albanos.

La muerte de Camila

Horacio regresó a Roma vitoreado por el ejército y el pueblo y cargado con las armas de sus adversarios. Sin embargo, no todos compartían la alegría. Camila, hermana de los Horacios, estaba prometida con uno de los hermanos Cuariacios, por lo que al ver regresar a su hermano con los despojos de sus enemigos (entre ellos, un manto guerrero que ella misma había bordado para su novio) comenzó a llorar desconsoladamente y a llamar por su nombre a su prometido muerto. Horacio, al verla así, se puso furioso y la mató mientras gritaba:

“Marcha con tu amor a destiempo a reunirte con tu prometido, ya que te olvidas de tus hermanos muertos y del que está vivo, ya que te olvidas de tu patria. Muera de igual modo cualquier romana que llore a un enemigo”

A pesar de la victoria, Horacio fue juzgado por haber matado a su hermana, y condenado a la pena capital. Sin embargo, su padre pidió indulgencia argumentando que acababa de hacer un gran servicio a la ciudad. El pueblo, conmovido por las lágrimas del padre y la valentía que había mostrado el joven, le perdonó la vida. Sin embargo, obligó a la familia a purgar el crimen con un sacrificio que se mantuvo durante muchos siglos. Dicho sacrificio recibió el nombre de “tigillum sororium” (que puede traducirse por el “travesaño de la hermana”).

Muerte de Camila
No sabemos con exactitud en qué consistieron los ritos que se llevaron a cabo. Tito Livio sólo menciona que, después de que el padre realizara unos sacrificios expiatorios, atravesó un tronco en la calzada (el tigillum sororium) e hizo pasar bajo él a Horacio, como si fuese un yugo. La ceremonia de pasar debajo de un yugo era un antiguo rito de humillación en el mundo latino y sabino, y se aplicaba a las tropas derrotadas como señal de ignominia (véase mi artículo sobre “Las Horcas Caudinas”). Lo que sí sabemos es que dicho rito pasó a ser una tradición familiar de la familia Horacia que se celebraba en las calendas (día 1) de octubre y se mantuvo hasta fechas tan tardías como el siglo IV (aunque en tiempos imperiales su realización corría a cargo del Estado).

Victoria de Tulio Hostilio sobre Veyes
La ciudad de Alba Longa fue anexionada a Roma y poco después, tras un intento de traición albana, destruida completamente y sus habitantes llevados a Roma. Se les concedió a todos la ciudadanía romana, y a los miembros de su nobleza se les dio el rango de patricios y se les incorporó al Senado. Una de esas familias fue la de los Julios, que siglos más tarde nos dio la figura de Julio César y la primera dinastía imperial. A esa familia perteneció, como sabemos, el dictador César. En cuanto al rey romano Tulio Hostilio, la leyenda relata que encolerizó a Júpiter de tal modo que el dios lo fulminó con un rayo, aunque Tito Livio da una versión bien diferente: fue asesinado por nobles descontentos con su mandato. Cosas de ser rey.
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Desmontando bulos (III): de dioses que no nacieron el 25 de diciembre

Siguiendo con la serie de artículos en los que tratamos de desmentir algunos de los bulos históricos que circulan por internet y las redes sociales, hoy le toca el turno a una conocida imagen que se repite por doquier, sobre todo a finales de año. Si nos dieran un euro por cada vez que la hemos visto compartida en Facebook, Twitter o en blogs de “Misterios y ciencias ocultas”, es muy probable que a estas alturas estuviéramos viviendo en el Caribe a cuerpo de rey. Y si añadiéramos algo más por cada vez que la imagen se acompaña del texto “lo que la Iglesia Católica no quiere que sepas” sin duda tendríamos nuestra propia isla particular.

Supuestos dioses que nacieron el 25 de diciembre
Y es que lo mismo que cuando se acerca el final de noviembre empiezan a aparecer las imágenes de esclavos y su relación con el “viernes negro” (visto en un artículo anterior), cuando se acerca el día de Navidad comienzan a verse en las redes sociales imágenes de un montón de dioses que supuestamente nacieron el 25 de diciembre. En lo que parece ser una copia de “La Última Cena”, se pueden ver distintos personajes mitológicos junto a su fecha de nacimiento, que casualmente siempre es un 25 de diciembre. El propósito de la imagen sin duda es la de desacreditar la celebración cristiana dando a entender que es una mala copia de otras religiones. Sin entrar en eso (que cada uno crea y celebre lo que le dé la gana), vamos a desmentir una a una esas coincidencias de natalicios divinos.

¿Cuándo nació Jesús?

Lo primero que hay que decir es que en los Evangelios no viene fecha alguna del nacimiento de Jesús. Si tomamos en cuenta los datos de que disponemos en ellos (que hablan de pastores y rebaños durmiendo al aire libre), los expertos opinan que la fecha tendría un rango que iría de abril a septiembre, ya que bajo ningún concepto los pastores o los rebaños dormirían al raso en pleno invierno. Así pues, ¿por qué se impuso la fecha del 25 de diciembre como el día en que Jesús nació? No hay una única respuesta, pero veamos algunas hipótesis.

Pintura del nacimiento de Jesús
Una explicación de que prevaleciera la fecha del 25 de diciembre fue la de competir directamente con la festividad del Sol Invicto, una celebración en la que se festejaba que los días, a partir de ese momento, se irían haciendo más largos. Sin embargo, no se trata de una festividad del nacimiento del Sol, sino de un ritual más parecido a la muerte y resurrección del astro rey. Hay sin embargo quien dice que esa festividad es tardía (del año 274, concretamente), y que varios años antes ya se celebraba la Navidad el 25 de diciembre. En el año 221, el escritor Sexto Julio Africano publicó el libro “Chronographiai”, en el que fija la fecha de la Anunciación (y por tanto de la concepción) el 25 de marzo. No había más que sumar 9 meses para que la fecha del 25 de diciembre se estableciera como la del nacimiento de Jesús. No obstante, la polémica sigue abierta.

Los otros dioses: los de la izquierda de la imagen…

Ya el epígrafe anterior refuta toda la imagen de los distintos dioses nacidos el mismo día. No obstante, y para dejar las cosas aún más claras, ninguna de las otras divinidades que aparecen nació tampoco en esa fecha. La mayoría ni siquiera nació en el año que se indica, lo que nos da una idea del nivel del creador de la imagen (que al parecer se basó en un “documental” hecho con más voluntad y mala leche que acierto y rigor histórico). Y es que el sensacionalismo forma parte fundamental de la cultura del meme: ya saben, pongan una imagen llamativa, escriban cualquier barbaridad y serán virales.

Hermes
Para empezar con un cierto orden (de izquierda a derecha), comenzaremos con Hermes. Lo primero que hay que decir es que no sólo no hay evidencia alguna de que el 25 de diciembre fuera el día en que nació (ya que no aparece en ninguna fuente), es que es imposible que naciera en el año que se indica (200 a.C.). Este dios ya aparece en la obra de Homero “La Ilíada”, que se escribió entre los siglos VIII y VII a.C., así que no sabemos de dónde se saca el dato de su nacimiento. Sobre este dios de los mensajeros, los cultos secretos (de él proviene la palabra “hermético”) y de los ladrones, hay que decir que tiene un equivalente en la mitología romana en la figura de Mercurio.

El triunfo de Baco, de Velázquez
Siguiendo con el orden que nos hemos marcado, el siguiente en aparecer es Dionisos (aunque en la imagen aparece con el erróneo nombre de “Dionisio”). Este dios, mucho más conocido por su equivalente romano Baco, tuvo un nacimiento más que peculiar, ya que fue gestado en el muslo de su padre Zeus después de que su madre Sémele muriera por los engaños de Hera, la celosa esposa de Zeus (por eso a Dionisos se le conoce con el sobrenombre de “el de las dos madres”). Protagonista de muchos cultos mistéricos, en los que se celebra su doble nacimiento como una metáfora de la muerte y resurrección, este dios no tiene fecha de nacimiento conocida (ni año ni día), por lo que la afirmación de que vino al mundo un 25 de diciembre del año 500 a.C. es cuando menos aventurada. Y contrariamente a lo que también sostienen algunos iluminados, tampoco nació de una virgen.

Nacimiento de Buda
Seguimos con Buda. También tuvo un nacimiento singular (según algunas corrientes del budismo), ya que lo hizo a través del costado de su madre Maya. No se sabe con exactitud el año (se especula los siglos VI o V a.C.) ni la fecha de su nacimiento, pero dependiendo del país y del año su cumpleaños se celebra en distintos días de abril o mayo; incluso en años bisiestos puede caer a principios de junio. Esta disparidad de fechas se debe a los distintos calendarios religiosos que se siguen en los diferentes países de religión budista. En cualquier caso, ninguno de estos días está cerca del 25 de diciembre, por lo que también debemos descartarlo.

Zaratustra
Continuamos con Zaratustra. No se sabe tampoco cuándo nació, y se especula con fechas que van desde el siglo XIV o XIII a.C. hasta el siglo VI a.C., e incluso un investigador propuso una fecha tan lejana como el 6300 a.C. como año de su nacimiento. También hay controversia con el personaje en sí, ya que algunos eruditos creen que “Zaratustra” era un título que llevaron 4 maestros, siendo Zoroastro (al que tradicionalmente se identifica con él) el último de ellos. En cualquier caso, y dependiendo de la secta que lo celebre, su cumpleaños se festeja entre los meses de junio, julio y agosto. En Irán se celebra un festival en su honor el 26 de marzo. Como ven, todas estas fechas también están bastante lejos del 25 de diciembre.

Relieve que representa a Krishna
Del siguiente, Krishna, se cuentan auténticas maravillas, desde que fue trasplantado del útero de su madre al de otra esposa de su padre para evitar que su malvado tío lo matara, hasta que una vez de bebé lo ataron por el vientre a un mortero de madera y para escaparse gateando arrancó dos árboles. También se dice de él que mató sistemáticamente a todos los que su tío envió para asesinarlo, hasta que a los 16 años se hartó y fue él mismo a la ciudad y finiquitó a su tío el rey. La fecha de su nacimiento (que es lo que nos interesa) no es conocida, pero su cumpleaños se celebra en agosto o septiembre, dependiendo del año.

… Y los de la derecha de la imagen

Pasamos ahora al otro lado de la mesa y comenzamos con el dios egipcio Horus. Hijo de Isis y Osiris y concebido milagrosamente de su resucitado padre, mantuvo una cruenta batalla con su malvado tío Seth en la que perdió un ojo. En cuanto a la fecha de su nacimiento, si bien muchos piensan que nació un 24 o 25 de diciembre al ser el día del solsticio de invierno, en realidad esta fecha estaría más relacionada con Ra, dios del Sol y no con él, un dios lunar. Como casi todos los que hemos visto anteriormente, el día de su venida al mundo no está claro pero la mitología egipcia tradicional señalaba que su nacimiento (y el de otros dioses egipcios, como Osiris, Isis, Seth y Neftis) ocurrió durante los llamados días epagómenos, que van del 24 al 28 de agosto.

Horus
El siguiente dios que aparece en la imagen es Mitra, quizá uno de los que con más fundamento podría defenderse ciertas analogías con el culto cristiano. Para empezar, su introducción en el panteón tardío romano proveniente de Persia, rivalizó durante mucho tiempo con la religión cristiana, y de hecho el Cristianismo tomó algunas características suyas. Una de las que se especula fue precisamente la fecha de la Navidad (aunque, como hemos visto, hay controversia). No obstante, hay que decir que el 25 de diciembre en el Mitraísmo no suponía la celebración del nacimiento de Mitra, sino que era un ritual de muerte y resurrección del dios, identificado con el Sol (esta identificación fue fruto a su vez del sincretismo del culto mitraico con el del Sol Invictus romano). Además, esta fecha se instituyó en el culto tardío a Mitra, en los siglos III y IV. Por otra parte, en el culto persa al dios no se celebra su nacimiento por ser desconocido.

Mitra
Continuamos con Heracles, cuyo equivalente romano es el conocido Hércules. La infancia de este fruto de otra infidelidad de Zeus es asombrosa, empezando porque nació junto a una hermana legítima (hija del marido de su madre), pasando por el hecho de que estranguló en su cuna a dos serpientes enviadas por la celosa Hera (esposa de Zeus) para matarlo, y acabando por el mito de que Zeus engañó a Hera para que lo amamantase y al darse cuenta ésta del engaño lo apartó bruscamente, dando así origen a la Vía Láctea. Los griegos celebraban su nacimiento en el cuarto día de cada mes de su calendario, por lo que se nos antoja difícil que fuera un 25 de diciembre. Además, no sabemos de dónde sale el dato de que nació en el año 800 antes de nuestra era.

Trabajos de Hércules
Y seguimos con Tammuz. Este dios babilónico recibió el nombre de Dumuzi en el panteón sumerio y figura como el quinto rey predinástico en el periodo legendario, el que se desarrolló antes del Diluvio Universal. Una de las cosas que se afirman de él es que reinó la friolera de 36.000 años, por lo que se nos antoja complicado que su año de nacimiento fuera el 400 antes de Cristo. Parece ser que su esposa lo enviaba al inframundo durante los 6 meses más calurosos del año en castigo a su mal comportamiento con ella, y volvía en el equinoccio de otoño (alrededor del 21 de septiembre), fecha en la que se conmemoraba su festividad.

Tammuz
Por cierto, los griegos identificaron a Tammuz con Adonis, el último de esta larga lista de dioses y semidioses. De este ser de extraordinaria belleza, cuyos favores se disputaban las diosas Afrodita y Perséfone, y al que Zeus obligó a vivir 4 meses con cada una (los otros 4 los pasaría con quien quisiera, pero prefería volver con Afrodita), se cuentan varios mitos de su nacimiento. Uno de ellos dice que fue fruto del incesto y que su madre, Mirra, fue transformada en el árbol del mismo nombre, del que nació Adonis. Su fiesta era denominada Adonia, y se celebraba a mediados de verano. Tenemos constancia de la celebración de dicha fiesta en el año 270 a.C., por lo que se nos antoja bastante difícil que el año de nacimiento del personaje fuera el año 200 antes de nuestra era.

Muerte de Adonis
Y no me gustaría acabar sin repetir el consejo que doy siempre: no se crean todo lo que circula por internet. Sean críticos y, en caso de duda, traten de confirmar la información por otras fuentes. Feliz Navidad, cuando llegue.
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Las dos vidas del mariscal Ney

En un artículo anterior hablamos de la llegada a París desde Elba de Napoleón, dando comienzo al conocido como “Imperio de los 100 días”. Sin duda alguna, uno de los momentos más delicados (y a la vez más emocionantes) de toda la marcha sucedió en Auxerre cuando el Emperador y el mariscal Michel Ney, que había salido a capturarlo por orden de Luis XVIII, se fundieron en un abrazo. El paso de Ney y sus tropas al bando de Napoleón precipitó los acontecimientos posteriores, haciendo que el rey Borbón lo viera todo perdido y tomara la decisión de huir de París. Poco después, Napoleón recuperaba el trono.

El mariscal Michel Ney
La contribución de Ney no acabó aquí. En la subsiguiente guerra contra las potencias europeas comandó el ala izquierda del ejército francés y estuvo al mando, junto al propio Bonaparte, en la batalla de Waterloo. Tras la derrota francesa, Ney se entregó al restituido Luis XVIII, que lo condenó a muerte. Sin embargo, una leyenda empezó a surgir pocos años después de su fusilamiento: el mariscal Ney estaba vivo y residía en los Estados Unidos. Allí había llegado en 1819 un tal Peter Stewart Ney, de gran parecido físico con el mariscal. Y aunque estando sobrio negaba cualquier relación, cuando bebía confesaba ser el gran mariscal de Francia. Conozcamos en este artículo un poco más de esta curiosa leyenda.

De comerciante de licores a mariscal de Francia

Hijo de un tonelero, Michel Ney vino al mundo el 10 de enero de 1769 en la fronteriza región del Sarre. Su padre había sido militar, por lo que el joven Ney tuvo la oportunidad de conocer el modo de vida de un soldado a través de las historias que su progenitor le contaba. Un detalle importante es que hablaba perfectamente el alemán, ya que era la lengua de origen de su madre. Recibió su educación con los agustinos, pero desde niño comenzó a trabajar como aprendiz de un comerciante de licores del Sarre, y poco después como vendedor de una fundición. Sin embargo con 18 años, y contraviniendo los deseos de su padre, decidió alistarse en el ejército, concretamente en el 5º Regimiento de Húsares.

Carga de húsares
Ney empezó pronto a destacar. Además de ser un soldado valiente, generoso y querido por sus compañeros, demostró desde el primer momento una gran inteligencia. Estas cualidades hicieron que fuera nombrado teniente en 1792, capitán en 1794 y general de brigada en 1796, al destacarse en las guerras contra la Francia Revolucionaria. Sus compañeros empezaron a llamarle “el infatigable”, pero el mote que más arraigó fue “le rougeaud” (el rubicundo). Ney destacaba en todas las batallas en las que participaba. Recibió varias heridas, pero siempre se negaba a darse de baja. En 1799 se casó con Aglaé Auguié, una íntima amiga de Hortensia de Beauharnais, hija de la esposa de un prometedor general llamado Napoleón Bonaparte. Esta amistad influyó poderosamente en su carrera.

Hortensia de Beauharnais
Y es que poco después se produjo el golpe de Estado del 18 de brumario (9 de noviembre de 1799), que llevaría al general Bonaparte al poder. A través de Aglaé, Ney y Napoleón se conocieron y quedaron impresionados el uno del otro. Desde ese momento, a Ney se le empezaron a otorgar más y más responsabilidades, hasta que en 1804 recibió el bastón de mariscal. A partir de entonces destacaría en todas las campañas napoleónicas, recibiría el título de duque de Elchingen, y en agosto de 1808 fue enviado a España. Pero donde su estrella se haría más brillante sería en la campaña de Rusia, donde se ganó el respeto y la admiración de todos.

De Moscú a París

Al igual que en campañas anteriores, Ney se distinguió en Rusia, en especial en Borodinó. Tras esta batalla Napoleón le nombró Príncipe del Moscova. Las tropas francesas llegaron hasta Moscú, pero el incendio de la ciudad (provocado por los propios rusos) y las dificultades de abastecimiento hicieron que los franceses tomaran la decisión de retirarse. Ney fue puesto al mando de la retaguardia. Durante 40 días protegió la retirada del acoso de la caballería cosaca, logrando mantener unido al ejército a costa de miles de bajas. Pero sin duda su mayor hazaña la realizó en el río Berezina, donde junto a sólo 12 soldados logró retrasar el ataque ruso permitiendo que parte del ejército francés cruzara antes de que los ingenieros volaran los puentes.

Ney en el puente de Kovno
Napoleón desconocía si Ney había podido salvarse, por lo que cuando éste se presentó ante él pocas horas después informándole que había cruzado el puente justo antes de ser volado, y que por tanto era el último francés que se había retirado de Rusia, un emocionado emperador dijo:

“Francia está llena de hombres valientes, pero ciertamente Ney es el más valiente de entre los valientes”

Tras esta retirada y la posterior derrota en la “Batalla de las Naciones” de Leipzig, la suerte de Napoleón estaba echada. Los aliados invadieron Francia y París se rindió ante los prusianos. Los principales mariscales redactaron un manifiesto por el que pedían a Napoleón que abdicara, y Ney fue el encargado de entregárselo. Tras leerlo, Napoleón exclamó “¡Los soldados obedecerán a su Emperador!”, a lo que Ney replicó "Sire, los soldados obedecerán a sus generales”. Poco después el emperador abdicó y aceptó exiliarse a Elba. El 29 de abril de 1814 Ney se presentó ante el nuevo rey Luis XVIII, que le ratificó en todos sus títulos y le nombró Par de Francia. Sin embargo, Ney se sentía incómodo, pues los nobles franceses se burlaban a sus espaldas de su modesto origen.

Los 100 Días, Waterloo y el fusilamiento

Tras el desembarco de Napoleón en Francia el 1 de marzo de 1815 y su marcha hacia París, Ney fue convocado por Luis XVIII, que le encargó detener a Bonaparte a toda costa. Ney respondió: “Traeré a Napoleón en una jaula de hierro”. Sin embargo, tras recibir una carta de puño y letra del emperador en términos afectuosos, decidió pasarse a su bando, no sin antes advertirle que le abandonaría si tenía la menor tentación de convertirse en un tirano. Napoleón entró en París el 19 de marzo entre aclamaciones y lanzando mensajes de paz al resto de potencias europeas. A pesar de ello, se formó la Séptima Coalición contra Bonaparte antes incluso de que éste recuperara el trono. Todos los esfuerzos diplomáticos fracasaron y Francia se dispuso de nuevo para la guerra.

Carga en Waterloo
Ney recibió el mando del ala izquierda francesa. El 16 de junio de 1815 entabló combate contra los británicos en Quatre Bras, obligándoles a retirarse a Waterloo. Dos días después se produjo allí la célebre batalla del mismo nombre, en la que los británicos (ayudados por la llegada de los prusianos) derrotaron a los franceses. La actuación de Ney en esta batalla fue muy criticada, ya que lanzó 4 cargas de caballería consecutivas contra los cuadros ingleses sin haberlos debilitado previamente con la artillería. Sin embargo, y haciendo honor a su fama de valiente, Ney luchó en primera línea como un soldado más. Es significativo que, cuando vio todo perdido, lanzó una última carga contra los ingleses al grito de “¡Venid y ved cómo muere un Mariscal de Francia!”. Poco después fue capturado cuando, lleno de rabia e impotencia, golpeaba con su sable el lateral de un cañón inglés.

Fusilamiento de Ney
Tras la derrota, Ney fue procesado en un Consejo de Guerra y declarado culpable de traición. Condenado a muerte, en la lectura de la sentencia interrumpió al secretario judicial mientras leía los cargos diciéndole “Sí, sí. Pasad ese párrafo y decid sólo: Michel Ney, y pronto un poco de polvo”. El 7 de diciembre de 1815 fue llevado al muro trasero de los Jardines de Luxemburgo para ser fusilado. Se negó a vendarse los ojos y se le concedió el privilegio de dar la orden de disparar. Antes de dar dicha orden dijo “¡Soldados, rechazo ante Dios y ante la Patria el juicio que me condena! He luchado cien veces por Francia y nunca contra ella. Apelo ante los hombres, ante la posteridad, ante Dios. Apuntad directo al corazón. ¡Viva Francia!”. Moría así un bravo soldado, al que Víctor Hugo dedicó unas sentidas palabras en “Los Miserables”:

“¡Ah, desdichado Ney! Tantas veces expuesto a balas enemigas, estabas destinado a balas francesas”

Sin embargo, pronto surgió la leyenda de que en realidad no había muerto, sino que estaba en Estados Unidos bajo una nueva identidad. Comenzaba el mito de Peter Stewart Ney.

La leyenda de Peter Stewart Ney

En 1819 apareció un tal Peter Stewart Ney en Florence, Carolina del Sur. Su parecido físico con el mariscal Ney era sorprendente. Dominaba perfectamente el alemán (recordemos que el mariscal también, ya que su madre era originaria de Alemania), y aunque decía no hablar francés, en numerosas ocasiones se le vio consultando libros en ese idioma sobre las campañas de Napoleón. Pero no acababan ahí las coincidencias: era un experto esgrimista (dominaba sobre todo el sable) y montaba a caballo a la perfección. Este Peter Stewart Ney residió sus últimos años entre las dos Carolinas dando clases (llegó a hacerlo en el prestigioso Davidson College, del que diseñó su actual escudo) y murió en 1846.

Monumento a Ney
Si bien estando sobrio este hombre negaba ser otra cosa que un profesor, cuando empezaba a beber “confesaba” ser el auténtico mariscal Ney. Durante sus borracheras contaba detalles de las batallas de Napoleón en las que había participado. Explicaba que se había salvado del fusilamiento al ser hermano de masonería del duque de Wellington, que le hizo llegar a través del embajador británico una botella llena de líquido rojo. Los soldados dispararon por encima de su cabeza, él hizo explotar la botella de líquido contra su pecho y poco después tomó la identidad de Peter Fox. Unos años después, se embarcó para América, en la que se presentó bajo el nombre por el que ahora le conocían todos.

Muerte de Napoleón
A lo largo de su vida en América se contaban episodios que parecían confirmar que aquel maestro era el mariscal Ney. Por ejemplo, en una ocasión se cayó del caballo al intentar montar, y al ir sus acompañantes a ayudarle a montar de nuevo exclamó: “¿Vais a ayudar a montar al mariscal Ney, al viejo húsar?”. Asimismo, en 1821 un alumno llevó a su clase un periódico que contaba la muerte de Napoleón en Santa Elena; el profesor se desmayó y tuvo que ser llevado a su casa, donde intentó suicidarse. Además, tras un reconocimiento, el médico que le atendió declaró que tenía las mismas heridas que había sufrido el mariscal Ney en los campos de batalla de Europa. Asimismo, un examen grafológico hecho tras su muerte desveló que la letra de ambos era coincidente. Finalmente, se encontró un poema suyo compuesto en 1835 llamado “Gone with their glories, gone” que decía:

“Aunque yo fui el bravo entre los bravos, mi pluma y mi bastón se fueron”

Peter Stewart Ney murió el 15 de noviembre de 1846 con 77 años (la misma edad del mariscal de haber estado vivo). En su lecho de muerte dijo “Bessières ha muerto, la vieja guardia ha muerto, por favor, dejadme morir en paz”, y sus últimas palabras fueron “Yo soy el mariscal Michel Ney de Francia”. En su tumba hay una placa que reza: “A la memoria de Peter Stewart Ney. Nativo de Francia y soldado de la Revolución francesa bajo Napoleón Bonaparte”.

Placa en la tumba de Peter Stewart Ney
¿Puede ser verdad que el profesor y el mariscal fueran la misma persona? Algunos detalles indican que la hipótesis es verosímil. Por ejemplo, tras la ejecución el cuerpo del mariscal fue retirado apresuradamente del lugar (algo contrario a las ordenanzas) y no se le dio el tiro de gracia. Fue enterrado sin presencia de su esposa ni de sus familiares directos en una discreta tumba de París; sin embargo, al abrirse su féretro en 1903 se comprobó que el ataúd estaba vacío. Asimismo, un marinero del navío que lo llevó a Estados Unidos, antiguo soldado de Napoleón, declaró años después que lo había reconocido en el barco como el mariscal Ney.

Letra del mariscal Ney
Probablemente nunca lo sepamos; al menos hasta que se exhume el cuerpo del profesor y se haga un análisis de ADN comparándolo con los descendientes directos del mariscal. En cualquier caso poco importa, ya que la leyenda de Peter Stewart Ney no necesita ser cierta para seducir a los amantes de las conspiraciones; basta sólo con que sea verosímil.
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"El Baile de los 41"

Los homosexuales nunca lo han tenido fácil en México. Ya desde los tiempos prehispánicos los mexicas castigaban violentamente la homosexualidad (aunque otros pueblos eran más tolerantes), algo que se continuó con la llegada de los muy católicos conquistadores. Los españoles instauraron la Inquisición, y una de sus misiones consistía en castigar con la muerte el llamado “pecado nefando”; es decir, la sodomía. Con el paso del tiempo esta actitud se fue relajando, hasta el punto de que durante el reinado del emperador Maximiliano I la homosexualidad dejó de ser un delito. Claro que una cosa es que no se castigara con el código penal en la mano y otra bien distinta que estuviera bien visto, sobre todo en un país tradicionalmente tan machista como el mexicano.

Grabado satírico del "Baile de los 41"
Este contexto no debe perderse de vista al analizar el episodio que hoy traemos aquí. En 1901 se produjo uno de los escándalos más sonados de la época en México cuando la policía irrumpió en una casa donde se estaba celebrando una fiesta de homosexuales. Más o menos la mitad de los asistentes vestían de mujer, y muchos de ellos eran de la alta sociedad. El trato dado a los detenidos (a aquellos que no pudieron comprar su libertad) fue denigrante; y aunque se trató de acallar todo el asunto, los rumores permanecieron mucho tiempo y sus consecuencias en el imaginario y las costumbres del país continúan hasta hoy en día. Esta es la historia del “Baile de los 41”.

La redada

A las 3 de la madrugada del 18 de noviembre de 1901, un policía se asomó por una ventana de la casa situada en el número 4 de la calle la Paz (hoy día Ezequiel Montes, en la colonia Tabacalera), en lo que entonces eran los límites de la Ciudad de México, y se escandalizó de lo que vio allí. Dentro había parejas bailando, pero lo escandaloso para el policía es que esas parejas eran exclusivamente de hombres, y algunos de ellos estaban vestidos de mujer. Llamó inmediatamente refuerzos, y cuando éstos llegaron, aporrearon repetidamente a la puerta. La excusa para ello era pedir el permiso de esa celebración (una excusa peregrina, ya que no se necesitaban permisos para celebraciones privadas).

Corrido del baile
Lo que pasó a continuación está mejor explicado en una nota del diario “El Popular” del día 21 de noviembre, donde se podía leer:

“(…) Salió a abrirles un afeminado vestido de mujer, con la falda recogida, la cara y los labios llenos de afeite y muy dulce y melindroso de habla. Con esa vista, que hasta al cansado guardián le revolvió el estómago, se introdujo éste a la accesoria, sospechando lo que aquello sería y se encontró con cuarenta y dos parejas de canallas de éstos, vestidos los unos de hombres y los otros de mujer que bailaban y se solazaban en aquel antro”

Inmediatamente empezaron las carreras y los intentos de escapar. Los que iban vestidos de mujer trataron de esconderse o de encerrarse en alguna habitación para deshacerse de sus vestidos, pero ninguno lo consiguió. En una de las estancias se encontró tendido a un joven (un trabajador sexual al que las crónicas de la época llamaron “Bigotes rizados”) cuyos servicios al parecer eran el premio de una especie de sorteo conocida como “la rifa del Pepito”.

Ignacio de la Torre y Amada Díaz
La policía detuvo a 41 personas, 19 de ellas vestidas de mujer. Los esposaron y se los llevaron a varios cuarteles cercanos (los que iban vestidos de hombre al cuartel número 24 de la policía y los travestidos al de la policía montada) bajo la acusación de “ofensa a la moral y las buenas costumbres”, ya que como hemos mencionado la homosexualidad no era ya un delito penado por la ley. Allí les aplicaron el primer castigo arbitrario: barrer la calle con las ropas de fiesta puestas, ya fueran de hombre o de mujer. Sin embargo, el rumor generalizado es que en la fiesta no había 41 sino 42 personas, y que una de ellas había logrado escapar vestido de mujer sobornando a precio de oro a un policía y haciendo valer su identidad. Y es que ese hombre era nada menos que Ignacio de la Torre y Mier, el yerno del dictador y presidente de la nación Porfirio Díaz.

El “Yerno de la Nación”

Hijo de uno de los más ricos hacendados de México, Ignacio de la Torre y Mier no era sin embargo el típico heredero que no hacía nada y vivía de las rentas. Había mejorado las tierras que había heredado, introduciendo en ellas los más modernos métodos de cultivo y explotación. Su finca de más de 15.000 hectáreas era la mejor y la más productiva del país. Hacía frecuente vida social, y aunque los rumores de “comportamientos inadecuados” no dejaban de crecer a su alrededor, su posición, su dinero y su encanto personal hacían que fuera uno de los solteros más codiciados de México.

Ignacio de la Torre
En 1887 conoció a Amada Díaz, la hija favorita del presidente de la nación Porfirio Díaz. La muchacha acababa de romper su compromiso matrimonial con el hijo de un general. Ambos empezaron a frecuentarse, y tras un corto noviazgo se casaron el 16 de enero de 1888. Fue la boda del año en México, y a Ignacio de la Torre se le empezó a conocer como “El Yerno de su Suegro” y “El Yerno de la Nación”, en referencia a su entrada en la familia más poderosa por entonces del país azteca. Sin embargo, desde el primer momento la convivencia fue difícil, ya que de la Torre prefería no hacer vida común con su esposa (vivían en alas distintas de su palacete) y hacía frecuentes salidas con sus compañeros de francachela.

Amada Díaz
Los rumores sobre la homosexualidad del yerno del presidente no hacían sino crecer. Sólo se veía a los cónyuges juntos en actos protocolarios, e incluso pretextaba cualquier excusa para no acudir a las comidas cuando su suegro visitaba a su hija. La afición favorita de Ignacio de la Torre era organizar fiestas sólo para hombres junto a su íntimo amigo Antonio Adalid, apodado “Toña la Mamonera” (nada menos que un ahijado del antiguo emperador Maximiliano). A esas fiestas algunos invitados acudían vestidos de mujer, pero solía pretextarse que tales bailes eran de disfraces, por lo que esos vestidos estaban justificados. Una de esas fiestas fue la que ocurrió en la madrugada del 18 de noviembre de 1901 y que estamos narrando aquí.

“Había sólo 41”

Al día siguiente del escándalo se le presentó a Porfirio Díaz la lista de los asistentes al baile. El presidente la leyó y preguntó “¿Cuántos estaban en la fiesta?”. Cuando le respondieron que había 42 personas, tachó de la lista el nombre de su yerno y dijo cortante “Había sólo 41”. A partir de ese momento se trató de acallar la participación de Ignacio de la Torre en todo el asunto, pero los rumores de que era uno de los asistentes eran cada vez mayores. De la Torre aseguró a su esposa que era todo mentira, pero Amada Díaz tuvo una conversación con su padre en la que el presidente le confirmó los hechos. En su diario anotó:

“Un día mi padre me mandó llamar al despacho en su casa. Me quería informar que Nacho había sido capturado por la policía en una fiesta donde todos eran hombres pero muchos estaban vestidos de mujer. Ignacio -me dijo mi padre- fue dejado libre para impedir un escándalo social, pero quise prevenirte porque tienes derecho a saber del comportamiento con la persona con que vives”

Las relaciones entre yerno y suegro se hicieron aún más tirantes si cabe. Porfirio Díaz, ante los rumores de homosexualidad de su yerno, ya había dado orden de que se vigilara a de la Torre cada vez que salía al extranjero; pero este episodio fue la gota que colmó el vaso y apenas se hablaron el resto de su vida.

Porfirio Díaz
Independientemente de que se trataran de acallar los rumores sobre el yerno del presidente, los periódicos se dieron un festín con la noticia. Aunque no se mostraron los detenidos a la prensa y sólo se supo la identidad de unos cuantos, empezaron a aparecer notas de prensa en la que se trataba el asunto con mayor o menor escarnio. Así, la “Gaceta Callejera”, una hoja suelta que se repartía de mano en mano, hizo una edición especial con el título “Los 41 maricones encontrados en un baile de la calle de La Paz el 20 de noviembre de 1901”, que incluía un corrido satírico junto a una caricatura que representaba la fiesta. Asimismo, periódicos como El Popular, El Diario del hogar, El Universal, La Patria o El hijo del Ahuizote empezaron a difundir todo tipo de burlas y sátiras sobre el asunto. Muchos de ellos fueron ilustrados con grabados de José Guadalupe Posadas hechos para la ocasión. Todos los diarios hacían hincapié en que muchos de los detenidos eran jóvenes de familias conocidas y de buena posición y expresaban su rechazo homofóbico. Empezó a hablarse de un “Círculo Rosa” alrededor del Porfiriato y se acuñó el término “La aristocracia de Sodoma” para definir a los detenidos.

Las consecuencias

Si bien se alzaron algunas voces que calificaron las detenciones como ilegales y arbitrarias, la inmensa mayoría de la opinión pública aplaudió la medida. Al día siguiente de las detenciones, 19 de ellos (aunque un periódico habló sólo de 12) fueron metidos en un tren que los llevó hasta el Yucatán donde se les obligó a alistarse en el ejército y a realizar trabajos forzados. Así, el diario “El Popular” decía el 25 de noviembre que “Los vagos, rateros y afeminados que han sido enviados a Yucatán, no han sido consignados a los batallones del Ejército que operan en la campaña contra los indios mayas, sino a las obras públicas en las poblaciones conquistadas al enemigo común de la civilización”.

Los detenidos obligados a barrer las calles
Estos condenados fueron los que no pudieron pagarse su libertad con dinero e influencias. El periódico “El Hijo del Ahuizote”, en su edición de 21 de noviembre, consignaba sarcásticamente esta diferencia de trato a los detenidos:

“Dice la canción que en el pobre es borrachera y en el rico alegría, cuando se trata de trompetas, y en este caso, en el pobre es cochinada y en el rico refinamiento de coquetería y de buen tono. Si el gobernador violó la ley con aplauso general, debió haber jalado parejo, para que más se le hubiera agradecido, no que dejó la semilla y arrojó las hojitas de la mata. Ahora ya no puede andar en la calle acompañado de un amigo, porque luego lo tratan del Club de los 41”

Algunos de los obligados a alistarse intentaron interponer un recurso de amparo ante tan arbitraria medida. Es por ello que se conocen sus nombres: Pascual Barrón, Felipe Martínez, Joaquín Moreno, Alejandro Pérez, Raúl Sevilla, Juan B. Sandoval y Jesús Solórzano. Se desconoce su destino final, pero no debió ser nada halagüeño. El resto de los detenidos siguió en el anonimato aunque los rumores sobre su identidad eran conocidos por todos. Con el tiempo, el asunto se fue olvidando.

El maldito número 41

Diez años después Porfirio Díaz fue derrocado por una revolución y abandonó el país. Ignacio de la Torre se quedó en México, y desde el primer momento mostró su oposición al nuevo régimen del presidente Francisco Ignacio Madero, e incluso se vio implicado en su asesinato. Detenido y encerrado en la prisión de Lecumberri, su esposa iba a visitarlo todos los días. Finalmente, a principios de 1915, fue transferido a la custodia de Emiliano Zapata, que se lo llevó con su ejército. Allí Zapata lo humillaba haciéndole servir a la tropa con ropas femeninas y entregándoselo a los soldados para que abusaran de él (una de las reglas que Zapata implantó fue ejecutar inmediatamente a cualquiera de sus soldados que fueran sorprendidos violando a alguna mujer, por lo que imaginamos que la tropa tenía necesidades sin cubrir).
 
Emiliano Zapata
No sabemos a ciencia cierta la razón de que Zapata tratara así a Ignacio de la Torre. Quizás estaba vengando alguna ofensa personal. En 1906, éste lo había sacado del ejército y se lo había llevado a su finca como caballerango (mozo que ensilla y cuida los caballos), al parecer atraído por él. La mayoría de historiadores rechazan que hubiera una relación homosexual entre Zapata y de la Torre, aunque en el diario de Amada Díaz puede leerse que los sorprendió “revolcándose en un establo”, y una soldadera (mujer que acompañaba a los soldados, también llamadas Adelitas) de Zapata declaró que el caudillo revolucionario “era tan hombre, pero tan hombre, que se acostaba con otros hombres”. Es muy probable que sólo sean infundios contra Zapata, pero la semilla de la duda está presente. En cualquier caso, los continuos abusos hacia el otrora poderoso “Yerno de la Nación” le destrozaron el recto. Cuando finalmente fue liberado en 1918 se fue a Nueva York a operarse, y murió en la mesa de operaciones.

Soldaderas o Adelitas
Pero quizá la consecuencia más estrambótica de todo este escándalo que sacudió al país es que desde entonces el número 41 se convirtió en un tabú en México al asociarse a la homosexualidad. Uno de los mayores insultos en el país azteca es decirle a un hombre que “es de los 41”. El escritor militar Francisco Urquizo escribió:

"En México el número 41 no tiene ninguna validez y es ofensivo para los mexicanos (...) La influencia de esa tradición es tal que hasta en lo oficial se pasa por alto el número 41. No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42. No hay nómina que tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que ostenten el número 41. Si acaso y no hay remedio, el 40 bis. No hay cuarto de hotel o de Sanatorio que tenga el número 41. Nadie cumple 41 años, de los 40 se salta hasta los 42. No hay automóvil que lleve placa 41, ni policía o agente que acepte ese guarismo"

(Hay que aclarar que no es que se cumplan 40 años y al año siguiente 42, sino que el 41 cumpleaños no se celebra y los mexicanos dicen que tiene “40 años y 12 meses”).

Placa conmemorativa del baile
Dos curiosidades finales. Por un lado, las prisiones mexicanas tienen pabellones que no están numerados, sino que se les identifica con letras: A, B, C, etc. Los homosexuales eran encerrados en el pabellón J, y de ahí viene que en México (y en otros países sudamericanos) reciban el nombre de “jotos”. Por otro lado, en el baile de los 41 Ignacio de la Torre trató de esconderse en un armario (o closet), pero un policía lo vio y le ordenó que saliera, cosa que hizo maquillado y vestido de mujer; los mexicanos afirman que este episodio fue el origen de la frase “salir del armario” o “salir del closet”.
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