Juicios contra animales en la Edad Media

En el año 1457, en Savigny (Francia), se colgó hasta morir a la culpable del asesinato de un niño de cinco años que respondía por el nombre de Jean Martin. Los hijos pequeños de la condenada también habían sido hallados cubiertos de sangre en el lugar del crimen, pero no fueron condenados porque no pudo probarse su participación en los hechos. Hasta aquí, una historia triste pero relativamente normal en esa época; de no ser por dos detalles: el primero es que a la rea de muerte se la colgó de los pies después de hacerle varios cortes en las piernas, por lo que murió desangrada. El segundo, y más importante, es que la condenada (y sus hijos pequeños) no eran humanos, sino cerdos. 

Parodia del juicio a un cerdo
Y es que durante la Edad Media, e incluso en épocas posteriores, los juicios contra animales de todo tipo eran cosa común. Pero no se crean que estos juicios se basaban en supersticiones de gentes incultas, sino que se fundamentaban en un sistema lógico. Tanto San Agustín como Santo Tomás de Aquino sostenían que los animales tenían alma (aunque no inteligencia), y por lo tanto podían ser juzgados por las mismas leyes que los hombres. Con el paulatino abandono de esta creencia, los juicios fueron desapareciendo y el Derecho Penal se fue centrando en el único animal capaz de delinquir voluntariamente: el ser humano. Sin embargo, y como veremos a continuación, hasta bien entrado el siglo XVII se celebraron vistas judiciales (y ejecuciones) contra animales.

Los juicios contra las plagas

El autor E. P. Evans, en su obra de 1906 “The Criminal Persecution and Capital Punishment of Animals”, distinguía entre dos tipos de juicios contra los animales. Los primeros eran los que se realizaban contra bestias individuales por alguna acción criminal, mientras que los segundos iban dirigidos contra las plagas que afectaban a la agricultura. La diferencia no es menor, ya que los primeros los dirimían los tribunales civiles, mientras que los segundos eran competencia de los tribunales eclesiásticos. Y la razón de ello estribaba en que se consideraba que las plagas eran causadas por la intervención directa de Satanás, que poseía de forma periódica a algunas especies para desgracia de los humanos. No es que ratones, topos, orugas o langostas devoraran las cosechas, sino que el Diablo se servía de estos animales para su malvado plan.

Obispo excomulgando cochinillas en Suiza
Dichos juicios eclesiásticos observaban todas las formalidades legales: acusación, nombramiento de un defensor, proceso, discurso de la acusación, discurso de la defensa y sentencia. Si los animales eran encontrados culpables, la sentencia en principio era una admonición, que servía de advertencia para que la plaga cesara. Si aun así ésta continuaba, se producía la excomunión. En cualquier caso, ambas sentencias no iban dirigidas contra los animales en sí sino contra el espíritu maligno que los había poseído obligándoles a comportarse de esa manera. Además, la excomunión colocaba a los animales fuera de la ley de Dios, por lo que podían ser exterminados sin sentimiento de culpa alguno.

Animales criminalizados en un grabado medieval
Los ejemplos de procesos contra plagas son numerosos. Así, en 1520 se inició un proceso en Glurns (Suiza) contra unos ratones de campo acusados de comerse las cosechas. Se siguieron todos los formalismos legales (nombramiento de abogados, declaración de testigos, etc.) y finalmente fueron condenados a abandonar inmediatamente el pueblo y nunca más volver, aunque el tribunal guardó alguna consideración con las hembras embarazadas y los ratones lesionados, a los que dio 14 días de prórroga para irse:

Después de haber escuchado a la acusación, a la defensa y a los testigos, el tribunal decretó que las bestias dañinas conocidas bajo el nombre de ratones de campo serán conjuradas a marcharse de los campos y prados de la comuna de Stilfs en el plazo de catorce días, y que se les prohíbe eternamente todo intento de retorno; pero que si alguno de los animales estuviera embarazado o impedido de viajar debido a su extremada juventud, se le concederán otros catorce días, bajo la protección del tribunal… pero los que están en condiciones de viajar, deben partir dentro de los primeros catorce días

Asimismo, en el año 1120 ratones de campo y orugas fueron excomulgados por el Obispo de Laon (Francia) acusados de comerse las cosechas de la zona, en el año 820 los topillos del valle de Aosta (Italia) fueron anatemizados, y en 1451 les tocó el turno a las sanguijuelas de Lausana (Suiza) por el delito de devorar a los peces. Curioso es lo que ocurrió en 1690, cuando un tribunal presidido por un obispo juzgó a las orugas de un valle del Puy de Dome (Francia) y les ordenó retirarse. En vista de que no hicieron caso, recibieron el castigo máximo: la excomunión. El efecto fue fulminante ya que, transformados en mariposas, los gusanos desaparecieron por los aires. En agradecimiento, los pobres campesinos aceptaron pagar “los diezmos e impuestos atrasados” que le debían, justamente, al obispo. Como ven, la picaresca no estaba ausente de todos estos asuntos.

Posible imagen de Chassenée
Pero la palma de lo extraño se la lleva el siguiente caso: en 1522 las ratas de la diócesis de Autun (Francia) fueron llamadas a juicio por comerse las cosechas de cebada. Como exigía el procedimiento se les nombró a un abogado defensor, un tal Bartolomée Chassenée. Como las ratas no acudieron a la primera citación, Chassenée alegó que los roedores no habían recibido citación formal, por lo que se colgó dicha citación en la puerta de la iglesia. Al no presentarse la segunda vez, el abogado adujo que los preparativos para acudir eran laboriosos, ya que se habían convocado a ratas jóvenes y viejas. Al llegar el nuevo día fijado y no acudir de nuevo las ratas, Chassenée argumentó que sus defendidas debían ser protegidas de camino al tribunal de los gatos de los vecinos. Como dicha protección era costosa y las indemnizaciones en caso de muerte de alguna acusada eran elevadas, se postergó la comparecencia nuevamente, esta vez sine die. El juicio sigue sin celebrarse a día de hoy, por lo que podemos deducir que Chassenée ganó.

Pintura satírica del juicio a un burro
A finales del siglo XVI empezaron a surgir dentro de la Iglesia voces que desaprobaban este tipo de juicios. Eveillon, en su “Tratado de las excomuniones”, afirmaba que sólo el hombre bautizado puede ser excomulgado, y que por tanto no tenía sentido lanzar un anatema contra un animal. En su obra se lee “Eran tan simples como para hacer un juicio formal a las bestezuelas, citarlas, darles un abogado para defenderse, abrir una investigación de los daños por ellas causados. Luego conjuraban a los diversos animales, declarándoles que debían salir de todo el territorio y desplazarse a donde no pudiesen causar daño. Si el mal no cesaba con este conjuro, el juez eclesiástico pronunciaba sentencia de anatema y de maldición, y enviaba el auto de ejecución a los curas, sacerdotes y habitantes, invitándolos a hacer penitencia de sus pecados, ya que para su castigo enviaba Dios ordinariamente estas calamidades”. Sin embargo, este tipo de procesos siguieron realizándose hasta bien entrado el siglo XVII.

Los juicios contra los animales individuales

A diferencia de los juicios contra las plagas, que se dirimían en un tribunal eclesiástico, los juicios contra animales individuales acusados de algún crimen eran realizados por tribunales civiles. Eso no significaba que las garantías en el proceso fueran menores ya que, al igual que en los casos anteriores, se seguía un procedimiento reglado con abogados, declaraciones, deliberaciones y sentencia (que a veces era leída al animal con toda formalidad). En ocasiones se torturaba al animal para obtener una “confesión”, y para ello bastaban sus chillidos de dolor ante la tortura. Los reos eran custodiados en las mismas cárceles que los humanos (se registraban por el nombre de su dueño, por ejemplo, “El cerdo de X”), y por supuesto abogados, jueces y verdugos recibían sus honorarios habituales. Además, la cantidad asignada para el mantenimiento del reo era similar a la que se consignaba para sus colegas humanos.

Parodia medieval del juicio a un cerdo
La mayoría de los casos se dieron en Francia, Alemania, Suiza e Italia, pero se sabe por algunas referencias (entre ellas, las obras de Shakespeare) que también se dieron de forma habitual en Inglaterra. La primera sentencia de la que se tiene noticia es de 1266 (contra un cerdo), y la última data de 1692 (contra una yegua). Entre los métodos de ejecución, el más habitual era la horca (por ser considerado vergonzante), pero si el crimen era particularmente grave se recurrían a otros aún peores. Por ejemplo, en 1463 dos cerdos fueron enterrados vivos y en otra ocasión otro cerdo fue condenado a ser descuartizado. La sentencia era ejecutada con el mayor de los formalismos, entre los que se incluían la utilización de guantes por parte del verdugo. No obstante, no todas las sentencias eran a muerte (un carnero fue condenado al exilio en Rusia y un perro a un año de cárcel en Austria). En ocasiones incluso había sentencias absolutorias, como la de un caballo acusado de matar a su dueño que iba borracho. Incluso se dieron casos de perdones reales a animales condenados, como los concedidos por el duque de Borgoña a una piara de cerdos en 1379 en la aldea de Jussey.

Ejecución de la cerda de Falaise
A veces se le simulaban al animal rasgos humanos. Así ocurrió en uno de los casos más conocidos (por lo insólito), el de la cerda de Falaise. Este proceso ocurrió en 1386 y fue documentado por Guiot de Monfort (y por una gran pintura mural en la iglesia de la población). La cerda en cuestión fue detenida y juzgada por haber dado muerte a un niño en su cuna y haberse comido partes de su cuerpo. Condenada a muerte por el vizconde Pierre Lavengin, fue vestida con chaqueta y pantalones y llevada al cadalso atada a una yegua. Una vez en él, se le practicaron incisiones en los muslos y se le cortó el morro, poniéndole acto seguido sobre la cara una máscara humana. Después de haberse hecho esto, se la colgó de las patas traseras, no tardando el animal en morir por la ingente pérdida de sangre. Pero no acaba aquí la cosa: el cadáver fue atado de nuevo a la yegua y arrastrado varias veces alrededor de la plaza del pueblo, para a continuación ser quemado en una hoguera. Lo más curioso es que todos los habitantes del pueblo fueron obligados a asistir acompañados de sus cerdos para que los animales lo vieran todo y les sirviera de escarmiento.

La elefanta Mary ahorcada
Con el tiempo y el cambio de mentalidad, los juicios contra los animales fueron sustituidos por procesos contra sus dueños, al considerarse que éstos eran los responsables de los actos que dichos animales cometían. Eso no quitaba que, en caso de sentencia condenatoria, los animales fueran sacrificados aunque los dueños fueran sólo condenados a multas. Esta práctica llegó incluso hasta el siglo XX, como el caso de la elefanta Mary, que fue ahorcada de una grúa en 1917 en Tennessee por haber matado a su domador. O el de otra elefanta, Topsy, electrocutada el 4 enero de 1903 por haber matado también a tres hombres (incluido a su domador, un borracho que le daba a comer cigarrillos encendidos). Pueden ver un vídeo de su ejecución al final del artículo.

Casos espinosos: zoofilia y animales herejes

Los casos de zoofilia eran particularmente graves en la Edad Media, castigándose con la muerte inmediata e infamante en la hoguera. Sin embargo, los jueces no acusaban al animal directamente sino al humano, al considerar que la bestia no era culpable en este tipo de prácticas. Eso no quitaba que también fueran ejecutados en caso de sentencia condenatoria, ya que se pensaba que debían desaparecer al ser prueba y testimonio de la infamia. Es más, algunos tratados afirmaban que debían ser quemados en la hoguera por haber sido instrumentos del crimen.

Ejecución de un gato blasfemo
En cuanto a los animales herejes, la palma se la llevaban los gatos, especialmente los negros. La razón era que se creía que las brujas podían encarnarse en estos animales para cometer sus crímenes, de modo que los gatos se convirtieron en chivos expiatorios de cualquier desgracia inexplicable para la gente. Más adelante, los gatos se convirtieron en la encarnación del enemigo en las disputas entre católicos y protestantes, ya que ambas partes los consideraban blasfemos si cazaban ratones en domingo; la diferencia es que los católicos los mataban por considerarlos protestantes y los protestantes por considerarlos católicos.

Un mastín hereje en la horca
Pero no sólo los gatos podían ser heréticos: en 1534 un mastín fue condenado a la hoguera por haber ladrado al paso de una imagen de San José, a pesar de que el arzobispo en persona le ordenó que callara. Y para acabar, una curiosidad: no sólo los animales podían ser objeto de juicio y condena en la Edad Media. En el siglo XIV un bosque entero en Alemania fue talado y quemado al ser declarado cómplice de robo. Al parecer, el ladrón se había escapado de los guardias saltando de rama en rama de árbol, por lo que se consideró que había ayudado al criminal además de no haber hecho nada para evitar su huida. No cabe duda de que esos eran malos tiempos para no ser humano. Y qué diablos, también para serlo.

EJECUCIÓN DE LA ELEFANTA TOPSY


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14 comentarios:

  1. Ya había leido algo al respecto, pero no sabía que se les excomulgara... Si no estaban bautizados no deberia poder. Me imaginaba la cara de la gente cuando se le ordenaba a las ratas que se marcharán y, claro, no se iban... ¿Se conformaban en caso de plagas con excomulgarlas o las mataban?
    Un artículo muy interesante.

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    1. Se suponía que con la excomunión bastaba, pero en caso de necesidad el anatema permitía poder matarlos sin remordimiento alguno

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  2. Un artículo interesante.

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  3. Definitivamente la ignorancia y la estupidez humana no conocen limites y nunca dejarán de sorprenderme

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    1. En realidad, este tipo de juicios eran fruto de la mentalidad de la época. Quizás dentro de unos siglos digan lo mismo de algo que nosotros hacemos en la actualidad

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  4. Definitivamente la ignorancia y la estupidez humana no conocen limites y nunca dejarán de sorprenderme

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    1. Ellos no lo consideraban estúpido. Es a nuestros ojos que nos lo parece.

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  5. es algo estupido pero que realmente paso nose hasta donde podemos llegar con la ignorancia

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    1. Ellos no lo consideraban estúpido. Formaba parte de su corpus filosófico y de creencias

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  6. Muy interesante y entretendo el artículo.

    Tengo una duda, en la edad media se usaba la perpectiva en los grabados? Es que me llama la atención que el grabado medieval de los animales tenga perspectiva, no se mucho de historia, pero pensaba que en ese tiempo no se usaba. A mi me parece que es mas moderno.

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    1. Las imágenes de los grabados indican que son medievales, pero me aseguraré

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