París, 1229; la primera huelga universitaria de la Historia

Durante la Alta Edad Media, el saber en la Europa cristiana se concentró en los monasterios y las abadías. Una de las tareas de los monjes era copiar los antiguos manuscritos para evitar que su contenido desapareciera. Estas instituciones preservaban sus bibliotecas con mucho celo, por lo que era extremadamente difícil que el saber contenido en ellas se esparciera por el mundo. Sólo en las escuelas organizadas alrededor de algunas de estas bibliotecas (como las escuelas catedralicias o las escuelas monásticas) se difundía el conocimiento, evitando que se perdiera. Esta situación cambió a partir del siglo XII, cuando empezaron a fundarse las primeras universidades y a proliferar por todo el continente europeo.

Profesores medievales
Estas instituciones gozaban de una serie de privilegios frente a las ciudades en las que se encontraban ubicadas. Además, la llegada de estudiantes de toda Europa para estudiar en ellas conllevaba no sólo evidentes beneficios económicos para dichas ciudades, sino que también traía como consecuencia tensiones con estudiantes y académicos, con lo que a menudo se producían choques entre los ciudadanos y los universitarios. Uno de esos choques se produjo en París en 1229. A raíz de un tumulto por una cuenta sin pagar en una taberna, se produjeron unos incidentes con varios muertos. Como consecuencia, se convocó una huelga en la Universidad de París que duró dos años. Esta es la historia de la primera huelga universitaria de la Historia.

El origen de las universidades medievales

El término Universidad proviene de la palabra en latín universitas, y en la Edad Media designaba un gremio corporativo. Así, por ejemplo, podemos hablar de la universidad de carpinteros o universidad de zapateros con el sentido de gremio de personas que tenían esos oficios. Uno de esos gremios corporativos era el de los maestros y estudiantes (universitas magistrorum et scholarium), gremio del que se derivaría con posterioridad el empleo del término como sinónimo de institución de enseñanza. En general, estos gremios contaban con privilegios concedidos a través de cartas legales  emitidas por príncipes, reyes, obispos o las propias ciudades en las que se encontraban.

Monjes copistas
Si bien ya había algunos precedentes en el mundo bizantino y musulmán, las universidades tal y como las conocemos fueron un fenómeno genuinamente europeo. Las primeras surgieron a partir del siglo XI, proliferando en los siglos siguientes por todo el continente (particularmente en Italia, Francia, España e Inglaterra). La mayoría nació de una de evolución de las escuelas catedralicias, palatinas y monásticas, aunque luego comenzaron a crearse instituciones, fundadas por autoridades, que ya nacían estructuradas como una institución de enseñanza superior. Los estudios que evolucionaron de escuelas, fueron llamados ex consuetudine; aquellos fundados por reyes o papas eran llamados ex privilegio. Aprovechando que el latín era el idioma común para la enseñanza, los docentes de las más prestigiosas eran animados a dar cursos en otras universidades; algo que se ha perpetuado hasta nuestros días en forma de libre intercambio de información entre universidades.

Mapa de las universidades medievales
Los estudiantes entraban en la universidad más o menos con 14 años, y en un plazo de unos 6 años conseguían el título de bachiller. Si continuaban sus estudios en alguna disciplina concreta podían llegar a graduarse. Sólo después de muchos más años se conseguía el título de doctor. Los estudios universitarios eran costosos y a menudo sólo estaban al alcance de las familias ricas, aunque existía un cierto número de estudiantes becados por algún potentado. La mayoría debía alternar sus estudios con la realización de un oficio que les permitiera pagar su estancia y manutención, además de sus bebidas y vicios. Un gran número de estudiantes se tonsuraban y vestían como monjes, ya que muchos pertenecían a alguna congregación religiosa. Caso particular eran los llamados goliardos, que no eran más que clérigos ociosos de vida licenciosa y estudiantes pícaros que proliferaron alrededor de las universidades, y que nos han dejado una rica muestra de poesía profana (como el Carmina Burana).

Goliardos
Eran frecuentes los conflictos entre estudiantes de distintos colegios y facultades, entre estudiantes procedentes de diferentes países de origen y entre estudiantes y población local. Como privilegio para estas instituciones, tenían un fuero especial que les eximía de los tribunales ordinarios de las ciudades en las que se encontraban, estando todos los miembros de la universidad sometidos a los tribunales eclesiásticos o incluso de la propia institución. Había universidades que contaban con policía propia e incluso cárceles. Esto conllevaba una nueva fuente de conflictos con las autoridades civiles de las ciudades en las que estas instituciones estaban enclavadas, ya que los tribunales de las universidades tendían a ser bastante indulgentes con sus miembros. Esto provocaba que muchos estudiantes (tunos, goliardos, etc.) llevaran una vida disipada sabedores de que podían salir prácticamente impunes de cualquier situación. En este contexto se engloban los disturbios en París que dieron lugar a la primera huelga universitaria de la Historia.

Los disturbios

La Universidad de París fue una de las primeras universidades de Europa. Fundada alrededor del año 1150 como complemento de la Escuela de Teología de Notre Dame, pronto alcanzó un gran prestigio por sus estudios en Filosofía y Teología. En el año 1200 fue reconocida por el rey francés Felipe II Augusto en una carta en la que, entre otras cosas, les otorga a sus integrantes el derecho de ser juzgados por un tribunal eclesiástico y no civil. Por cierto, este reconocimiento vino precedido por una amenaza de huelga provocada por unos disturbios parecidos a los narrados en este artículo. Posteriormente, en 1215, el Papa Inocencio III le otorga el título de Universidad mediante una bula. Su colegio más famoso fue el de La Sorbona, fundado en 1215, y que con el tiempo acabó dando nombre a toda la institución académica.

Clase universitaria medieval
Los disturbios comenzaron en el mes de marzo de 1229, durante el martes de Carnaval. Ese día, último de fiesta antes del miércoles de Ceniza y el inicio de la Cuaresma, los habitantes de París daban rienda suelta a su espíritu festivo disfrazándose y consumiendo grandes cantidades de alcohol. Entre ellos se encontraban los estudiantes de la universidad, siempre dispuestos a una buena juerga, tal como lo atestigua esta canción de taberna de la época:

Cuando estamos en la taberna / nos despreocupamos del mundo (…) / Nadie allí teme a la muerte / Y por Baco tientan la suerte” (poesía de estudiante Goliardo)

En una taberna del Barrio Latino de París se produjo una trifulca entre el tabernero y unos estudiantes. El motivo de la disputa, al parecer, era el impago de la cuenta por parte de los estudiantes. La discusión acabó en una gran pelea en la que el tabernero, ayudado por otros vecinos, dio una soberana paliza a los estudiantes y los echó del local. Al día siguiente, los estudiantes apalizados volvieron junto a varios compañeros de estudios armados con garrotes y cuchillos.

Plaza de la Sorbona
Tenían la intención de vengarse del tabernero. Al ser miércoles de Ceniza, la taberna estaba cerrada, pero eso no detuvo a los estudiantes, que forzaron la entrada, agredieron al tabernero y destrozaron el local. No contentos con todo eso, los estudiantes empezaron a destruir otras tiendas y locales aledaños, lo que provocó graves daños en todo el barrio. Los propietarios de los negocios destrozados, sabedores de que los estudiantes no podían ser juzgados por tribunales civiles, y temerosos también de que una acción demasiado enérgica podía desembocar en el traslado de ciudad de la universidad (tal y como había ocurrido con Cambridge, fundada por estudiantes y docentes descontentos de Oxford), elevaron una queja al Obispo de París a través del prior de San Marcel.

Maestros y alumnos en una clase
El Obispo había tenido un encontronazo con la universidad cuatro años atrás, cuando los estudiantes le pidieron que renovase sus privilegios. El prelado, que no estaba de acuerdo con dichos privilegios, convocó a los profesores y, sin darles la oportunidad de tomar la palabra, rompió el sello de la universidad, lo que significaba en la práctica negarle toda autonomía. Los estudiantes y profesores, indignados, asaltaron el palacio episcopal y el Obispo les excomulgó. Un mes después, los ochenta profesores excomulgados fueron absueltos, la autonomía universitaria restaurada y el Obispo puesto en ridículo. Ahora veía la ocasión perfecta para vengarse. Así que decidió quejarse directamente ante la Reina regente.

Blanca de Castilla
Esta reina regente era nada menos que Blanca de Castilla, hija de Alfonso VIII el de las Navas, y una mujer de armas tomar. Su padre había fundado en Palencia la primera universidad española, en 1212, y quizá Blanca de Castilla no conservaba buen recuerdo del bullicio estudiantil en su ciudad natal. Aprovechando que ejercía la regencia durante la minoría de edad de su hijo Luis IX (que luego sería llamado “El Santo” o San Luis), dio órdenes tajantes de que los responsables del tumulto fueran arrestados y castigados. Los prebostes de la ciudad no dieron con ellos, así que tomaron la decisión de buscar un chivo expiatorio como fuera y agredieron con gran violencia a un grupo de estudiantes que se encontraban descansando en las afueras de la ciudad. La agresión tuvo como resultado dos muertos, un estudiante flamenco y otro normando, ambos muy estimados en la universidad, y al parecer inocentes en todo el asunto.

La huelga

Los docentes, al enterarse de la muerte de estos estudiantes, decretaron la suspensión de las clases. Además, a través de un portavoz, pidieron a la reina, al Obispo y al delegado pontificio que se hiciera justicia. Se previno a la reina de que si para la Pascua de abril no se había solucionado todo el asunto, desagraviado a la universidad y castigado a los culpables, se tomaría la decisión de una huelga general. Como fuere que ninguno de los interpelados hizo mucho caso (es más, se tomaron bastante a mal el ultimátum), el cuerpo de maestros decretó la disolución de la universidad por un plazo de seis años. Los estudiantes se fueron. Unos regresaron a su lugar de origen, otros abandonaron los estudios y la mayoría se trasladó a otras universidades como Reims, Orleans, Angers, Toulouse. El rey Enrique III de Inglaterra aprovechó la ocasión para ofrecer facilidades a docentes y estudiantes de París para trasladarse a Oxford y Cambridge.

Monjes escuchando la lección del profesor
Las consecuencias económicas no tardaron en hacerse notar, sobre todo en el Barrio Latino y en la Montaña Sainte-Geneviève, lugares de residencia habitual de los estudiantes, y cuya economía dependía en gran medida de los servicios que les prestaban. Sin embargo, el único que se dio cuenta en un principio de la gravedad del asunto fue el Papa Gregorio IX, antiguo alumno de la universidad. Dirigió una carta a la reina Blanca y al Obispo de París en la que tomaba partido a favor de los estudiantes y profesores y exhortando a ambos para que hicieran los esfuerzos necesarios para que las aguas volvieran a su cauce. La reina hizo caso de la misiva, y empezó entonces una dura negociación para que la universidad de París volviera a abrir sus puertas.

Gregorio IX
Tras dos años de conversaciones, se llegó a un acuerdo y el Papa promulgó la bula Parens Scientiarum el 13 de abril de 1231. En esta bula se renovaban los privilegios de la universidad y se garantizaba la autonomía de la misma ante las autoridades locales, ya fueran seculares o eclesiásticas. Ponía a la institución directamente bajo la autoridad papal, y le confería el título de “Madre de las Ciencias”. Posteriormente, esta bula se ha considerado la verdadera Carta Magna de la Universidad de París. Las clases se reanudaron, los estudiantes y docentes volvieron y todo regresó a la normalidad. Acababa así la primera huelga universitaria de la Historia, tras un pulso que duró dos años y que puso de manifiesto que las universidades, a partir de entonces, se convertirían en una de las instituciones más importantes de Europa. Y a la postre, de todo el mundo.
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2 comentarios:

  1. ¡Un tema interesante! La Historia me gusta mucho; todas las Humanidades, la ciencia... El saber, vamos. Eso lo demuestro en mi blog, que también va a concurso; por Solidaridad. El cultural es éste otro.
    Mucha suerte, ¡y siga divulgando! Yo estoy mareada de mirar blogs para las votaciones: ¡ja, ja!

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    1. Gracias. La verdad es que me he presentado sin muchas esperanzas ,y ni siquiera lo he anunciado. Mucha suerte

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